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Cosas que no se dicen sobre lo de Rusia en Ucrania

No tot és economia i poder.

¡GUERRA! Rusia ha invadido Ucrania. Odio, muerte, destrucción. Vuelve a predominar la tendencia a la enemistad sobre la tendencia a la fraternidad, ambas siempre presentes en el ser humano. Tot i que trenca les milongues del progrés i ens recorda que la nostra natura és feble, no és pas una bona notícia.

Periodistas, analistas, ideólogos y mercachifles nos ofrecen sus explicaciones. Casi todas ideológicas, económicas o partidistas. No obstante las hay buenas y muy aprovechables como facetas de la verdad, como la que nos ofrece el realismo de Bardají; o la de Óscar Elía sobre el idealismo Europeo; o la anglófila de Nial Ferguson; o la rusófila de Rubén Gisbert. Però ens manquen algunes perspectives bàsiques de les que ningú en parla, i que tenen que veure amb dinamismes bàsics de les nacions, avui ofegats per la ideologia i el mercantilisme.

¿Para qué vive Rusia? Rusia, nacida en Kiev, convertida en imperio y occidentalizada por Pedro el Grande, con un pie en Occidente y otro en Oriente, estuvo hasta 1989 persuadida de que tenía una misión para la humanidad. Desde hace al menos 150 años muchos creen en Rusia que el Oriente musulmán y chino representa la fuerza que somete todas las esferas de la actividad humana a un solo principio de unidad excluyente, suprimiendo la libertad del hombre bajo la teocracia o el absolutismo paternalista del Estado. Por otro lado, el Occidente moderno significaría la libertad absoluta y el egoísmo individual que destruye la unidad entre los seres humanos y los divide con ideología. Y Rusia -líder del mundo eslavo- encarnaría la tercera fuerza de la historia, encargada de reconciliar la unidad en un principio superior con la multiplicidad de las formas individuales. Esto creían en Rusia hasta que llegaron los comunistas, que cambiaron esta misión por la de expandir por el mundo esa ideología occidental tan similar en la práctica al despotismo asiático.

Vladimir Soloviev lo decía así:

«Si el Este islámico destruye completamente al hombre y solo confirma a un dios inhumano, la civilización occidental pretende sobre todo la confirmación de un hombre sin dios. (…) estas dos fuerzas han conducido a las naciones por ellas subyugadas a la muerte espiritual y la corrupción (…) Solo la Eslavidad, y en particular Rusia, puede ser la conductora histórica de esa tercera fuerza».

És a dir: molts a Rússia, desde fa molts anys, creuen que el seu país és cridat a una missió especial. Y también lo creían en los tiempos de la URSS, continuadora del imperio zarista, que ahora sigue su vida en la Federación Rusa. En Rusia consideran que Occidente está en decadencia. Así deben entenderse la actitud de Putin sobre las «perturbaciones socioculturales» de las ideologías guok en EEUU y Europa. Todavía no manifiestan su misión universal, pero no tardarán porque todo imperio la necesita.

Mucho más importante ahora es la geopolítica, las condiciones ineludibles que la geografía plantea a los países. Hay que recordar que -según el clásico Mackinder- Rusia es el heartland, el centro geográfico de Eurasia y por lo tanto del mundo, siempre en conflicto con los crecientes limítrofes o rimland, a los cuales pertenece Ucrania. Otro clásico, John Spykman, pensaba que ese rimland era el corazón de la geopolítica, y sería siempre usado como zona de «contención» contra el heartland por sus rivales. Esto explica la aparición de la OTAN, el Pacto de Varsovia y el actual OTSC. També explica l’imperialisme geopolític rus i nordamericà, que casi siempre se ponen en práctica con pretextos económicos. Son los condicionamientos geográficos, muy difíciles de eludir cuando no se reconocen principios superiores a la razón de estado y el interés nacional.

Poder, historia y economía, sí. Pero también y sobre todo realismo geográfico e idealismo mesiánico. Son los principios ilimitados que guían la política exterior desde el inicio de la Modernidad, los que han traído las guerras interminables de los siglos XVII-XIX y las mundiales del XX. I així seguirem mentre visquem com si els humans fóssim déus.

Qué desastre la guerra.

Dolça i informada Catalunya…



Categories: Pensando bien

Tags: Geopolítica, Rusia, Ucrania, Vladimir Soloviev

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