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El Festival de Arquitecturas de Barcelona proyecta la Barcelona del futuro

Barcelona se ha llenado estos días de exposiciones, debates, rutas, instalaciones de realidad aumentada, talleres, podcasts e incluso cocina, en el marco del Model. O lo que es lo mismo, el Festival de Arquitecturas de Barcelona, ​​que culmina este domingo después de diez días afincado en diferentes rincones de la ciudad. Organizado por el Ayuntamiento de Barcelona y el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC), nace con el objetivo de transformar el espacio urbano en una plataforma para el talento arquitectónico y de diseño emergente, adaptando el entorno a los nuevos retos del siglo XXI y con la mirada muy puesta en la situación de emergencia del cambio climático. Todo ello es fruto de la designación de la ciudad como Capital Mundial de la Arquitectura en 2026, por parte de la UIA-UNESCO, anunciada el pasado julio.

Arquitecturas, no arquitectura. Tal y como explica uno de los comisarios del festival, José Luis de Vicente, el término no sólo hace referencia a edificios y calles: “La arquitectura de hoy en día es la forma de preguntarnos cuáles son las soluciones de organización y de abordar el hecho de convivir en sociedad, teniendo en cuenta cómo se mueve el coche en la ciudad, la red wifi de que dispone o las especies que comparten el propio ecosistema”. En esta línea, las actividades propuestas por el festival presentan la arquitectura a través de cinco conceptos distintos: clases, culturas, especies, generaciones y materias.

La segunda teniente de alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona y concejala de Ecología, Urbanismo y Movilidad de Barcelona, ​​Janet Sanz, señala que la ciudad debe ser un “espacio de refugio ante las incertidumbres de lo que vendrá, así como un modelo que permita imaginar un futuro habitable”. Califica la arquitectura de elemento clave en el proceso, puesto que es “una herramienta colectiva y de transformación social”. Los retos ambientales, energéticos, alimentarios y sociales también son parte del cambio y se han situado en el centro de la mesa en este festival, que pretende encarar no sólo el 2026 con la capitalidad de la arquitectura, sino que también toma el timón para cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 y avanzar hacia el 2050.

En clave de futuro

Según Sanz, la Barcelona del futuro ya ha comenzado: el Eixample –el gran distrito central de Barcelona- iniciará en junio la transformación con la Superilla Barcelona (reordenación del tráfico que libera espacios urbanos para actividades y transeúntes), ​​después de las experiencias similares en los barrios de Sant Antoni, Poblenou y Horta, y las obras de la Meridiana se acabarán en dos años. En cuanto a la movilidad, en 2026 está previsto acabar las obras para unir el tranvía por la avenida Diagonal –en 2024 entrará en servicio ya el recorrido desde la plaça de les Glòries hasta la calle de Girona–. “Se quiere dar la vuelta a lo que hasta ahora eran las grandes autopistas y coser la ciudad”, pone de manifiesto la concejal. Así pues, la ciudad avanza hacia un modelo donde todo el mundo tenga cabida.

En el camino de la innovación y el progreso, Sanz destaca el reconocimiento que ha hecho esta semana la Comisión Europea y la Fundación Mies van der Rohe al estudio de arquitectura catalán Lacol, que fue galardonado con el Premio de Arquitectura Emergente Mies van der Rohe 2022 por su proyecto La Borda. Se trata de una vivienda cooperativa situada en Barcelona, ​​de madera y con salidas al exterior, que reduce la huella energética en la construcción y que permite pagar un precio más asequible en facturas.

Desde el festival remarcan la importancia de no sólo construir sino de recuperar, reaprovechar y utilizar los espacios en todos sus niveles. Afirman que es necesario descarbonizar las ciudades y abandonar los combustibles fósiles en el marco del Acuerdo de París 2030, lo que repercutirá en la forma de comer, moverse y vivir. “Hablamos de compromiso con las generaciones futuras, que deben heredar la ciudad y el mundo que estamos creando en los próximos años”.

Ciudad referente

Barcelona siempre ha sido “una ciudad laboratorio”, dice Sanz, y añade que ahora mismo es “exportadora de un modelo con el proyecto de las Superilles”. A pesar de ser referente, afirma que también se refleja e influencia en metrópolis como Copenhague – próxima Capital Mundial de la Arquitectura en 2023-, la cual ha tenido un papel destacado estos días en el festival. En el ámbito social, Barcelona tiene mucho camino por recorrer. Mientras que en la capital danesa un 20% del parque de vivienda es público, en Barcelona es de alrededor del 2%, detalla la teniente de alcaldía. También remarca que se construyen 4.500 viviendas públicas, pero que es necesario hacer todo lo posible para que la vivienda sea accesible. Sanz asegura, además, que es necesario cambiar las reglas del juego y darle la vuelta al papel de unos determinados entes privados que van detrás de las oportunidades de las ciudades, “sobre todo en relación con la especulación en los precios de la vivienda”.

El reconocimiento de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026 se basa en cómo hasta ahora ha sido la ciudad, pero a la vez hace de predecesora estableciendo cómo será la del futuro. De Vicente considera que es pionera y referente, y que este festival acompaña en el camino de hacer una ciudad “de todos”. Así, Sanz pone de manifiesto que “las ciudades no caminan solas, lo hacen juntas, colaborando y compartiendo”.

Punto final en la primera edición

Este fin de semana el festival llega al final de su primera edición, que finalizará el domingo con un encuentro a las doce del mediodía con los arquitectos que han participado en el festival, que intercambiarán pensamientos entre generaciones y disciplinas. Sin embargo, el sábado por la tarde también se realizarán dos ponencias. Una sobre las personas y las ciencias sociales aplicadas a la Civitas y la otra sobre el universo de las utopías como nuevas oportunidades para convertirse en ciudades, ambas en la Sala Moragas, en El Born, Centre de Cultura i Memòria. Además, a partir de las siete de la tarde en la Ronda de Sant Antoni habrá el movimiento de una de las instalaciones acompañado de una performance.



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