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El misterio de la rosa amarilla que se “marchitó” dentro de un cuadro

Si presta atención, el visitante que se acerque al Rijksmuseum de Ámsterdam y contempla el “Bodegón con flores y un reloj” del pintor neerlandés Abraham Mignon se dará cuenta que entre el vistoso manojo de flores que han sobrevivido desde el siglo XVII hay una rosa amarilla que no ha soportado el paso del tiempo igual que las otras y parece completamente marchita.

Esta flor en concreto, y su particular estado de degradación, ha servido a la investigadora Nouchka De Keyser y su equipo para llevar a cabo un cuidadoso examen óptico y químico de la pintura que explica cómo esta rosa perdió su brillo y volumen y se convirtió en un recuerdo apagado de lo que fue en su día.

El estudio, que se publica este viernes en la revista Science Avances, profundiza en la técnica original de Mignon y encuentra que las mezclas de pigmentos a base de arsénico y la laca que usó para crear los reflejos amarillos brillantes de la flor y sus sombras se degradaron con el paso de los siglos, haciendo más visible la capa de pintura monocromática subyacente. 

“Nuestra investigación arroja luz sobre los cambios ópticos significativos que podrían ocurrir en texturas superficiales específicas que se pintaron con una paleta de pigmentos similar”, escriben De Keyser y su equipo. “Nuestra metodología y todos los datos extraídos que obtuvimos para una reconstrucción virtual de un motivo degradado podrían aplicarse a obras de arte de renombre mundial”. 

Detalle de la rosa “marchita” del bodegón |Rijksmuseum

De Van Gogh a Picasso

Los pigmentos en las pinturas son propensos a la degradación con el tiempo, un fenómeno que puede alterar la apariencia de una obra de arte de tal manera que ya no coincida con la intención del artista. Los artistas utilizaron pigmentos a base de arsénico hasta el siglo XVIII a pesar de que fuentes documentadas advirtieron que eran tóxicos, propensos a cambios de color e incompatibles con otros pigmentos. 

Los autores del estudio citan otros ejemplos famosos de degradación de los pigmentos usados por los artistas, como la decoloración del pigmento de vidrio azul esmaltado en las pinturas de Rembrandt, la llamada “enfermedad ultramarina” en las obras de Vermeer y Jan Van Eyck, o la decoloración de los pigmentos sensibles a la luz en pinturas de Munch, Van Gogh o Picasso entre otros.

Los autores citan otros ejemplos de degradación en cuadros de Rembrandt, Vermeer, Van Gogh o Picasso.

Debido a la degradación del pigmento, apuntan, no solo pueden desaparecer los efectos ópticos cuidadosamente construidos, como los pliegues en las cortinas, lo que hace que el objeto quede plano. También, como las pinturas están compuestas por capas de complejas mezclas heterogéneas de pigmentos, a menudo una combinación de varios fenómenos de degradación lo que afecta la apariencia actual de las áreas degradadas. 

“Por lo tanto”, subrayan, “para comprender un motivo degradado (por ejemplo, cortinas, flores, follaje, encarnaciones, etc.) en sí mismo y en el contexto de toda la pintura, se requiere un enfoque a macroescala”.

Imagen de la rosa al microscopio |Nouchka De Keyser / Science/ Rijksmuseum

El misterio de la rosa apagada

Para explorar cómo la pintura amarilla con tales pigmentos se degradaba con el tiempo en la obra “Bodegón con flores y un reloj”, De Keyser realizó un mapeo elemental de alta resolución de la rosa amarilla de la pintura utilizando imágenes de fluorescencia de rayos X, imágenes macroscópicas de difracción de rayos X de polvo y espectroscopia de imágenes de reflectancia. Al combinar estas técnicas con microscopía tridimensional de la superficie pintada de la rosa, De Keyser y sus colegas pudieron inferir la técnica de pintura original, incluida la acumulación de capas de la rosa amarilla

Los resultados sugieren que Mignon usó un método eficiente de tres pasos característico de los pintores de bodegones del siglo XVII y apuntan a la presencia de una laca translúcida, que generalmente es difícil de identificar una vez que se ha desvanecido.

“La flor parece haber sido pintada siguiendo un eficiente método de tres pasos que es característico de los pintores de bodegones del siglo XVII”, aseguran. “La degradación del pigmento de arsénico, oropimente y laca amarilla ha causado cambios ópticos significativos. La decoloración inducida por la luz del colorante amarillo orgánico en la laca amarilla ha provocado que las áreas sombreadas previstas se vuelvan blancas debido al sustrato a base de calcita restante”. 

“La pintura amarilla que alguna vez fue brillante se transformó en una pintura incolora, transparente y quebradiza”

Por último, el pigmento amarillo brillante sufrió varias reacciones químicas (los pigmentos sufrieron una oxidación, se volvieron más solubles y viajaron a capas inferiores donde reaccionaron con el blanco de plomo) y los productos de degradación recién formados afectaron visualmente la superficie de la pintura. Y de esta forma, concluyen, “la pintura amarilla que alguna vez fue brillante se transformó en una pintura incolora, transparente y quebradiza”.

Lo que viene a resumir cómo se marchita una rosa de 400 años en el interior de una pintura.

Un detalle del bodegón, que incluye un reloj y un abejorro | Rijksmuseum

Reconstruir el original

Para Óscar González, profesor de Química en la Facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU y especialista en arte y pigmentación, se trata de “un trabajo que combina de forma excelente diferentes técnicas analíticas y demuestra su complementariedad a la hora de obtener información”. Gracias a la fluorescencia de rayos X, apunta, se logra un mapeo de los elementos químicos que luego se puede relacionar con la información más específica que ofrece la difracción de rayos X sobre la composición química de los materiales empleados y de los compuestos de degradación que han surgido.

El estudio también nos permite hacernos una imagen de cómo era su aspecto original de la rosa

“Con todas estas técnicas no destructivas y una pequeña toma de muestra para el análisis estratigráfico (el estudio de las capas de pintura) son capaces de reconstruir el modo de trabajar de un artista del s. XVII”, explica a Vozpópuli. “No sólo gracias a la presencia de diminutas cantidades de pigmento que no se han terminado de degradar (como el oropimente), sino a la de productos de degradación o a los restos de compuestos que ya se han desvanecido (como la laca amarilla)”.

Esta investigación, añade el especialista, “además de explicarnos cómo se pintó y cómo se degradó la rosa amarilla, nos permite hacernos una imagen de cómo era su aspecto original antes de que el paso del tiempo aplanase su aspecto y difuminase sus tonalidades”. 

Referencia: Reviving degraded colors of yellow flowers in 17th century still life paintings with macro- and microscale chemical imaging (Science Advances)

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