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El ocaso de la Convención de Refugiados de 1951 – Rebelion

Desde la adopción de la Convención, la población mundial se ha más
que triplicado y ahora es de aproximadamente 8000 millones de personas.
Se espera que el crecimiento de la población del planeta continúe y
probablemente aumente a 10 000 millones de habitantes para mediados de
siglo. Se proyecta que casi todo ese crecimiento demográfico tendrá
lugar en los países del Sur en desarrollo, muchos de los cuales
enfrentan escasez de recursos, arduas condiciones de vida y agitación
sociopolítica.

Además, el cambio climático está obligando a una mayor movilidad
humana, que se prevé que empeore con el calentamiento global. Y oleadas
ininterrumpidas de hombres, mujeres y niños, en su mayoría de países en
desarrollo, continúan intentando ingresar sin autorización,
principalmente a países desarrollados.

El mundo también está experimentando niveles récord de refugiados,
solicitantes de asilo y personas desplazadas a través de las fronteras.
El número de refugiados en todo el mundo aumentó notablemente en el
último tiempo, alcanzando un récord en abril de 2022 de más de 30
millones.

Esa cifra global incluye 21 millones de refugiados bajo el mandato de
Acnur (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) y seis
millones de refugiados palestinos según la misión de la Agencia de
Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo
(UNRWA, en inglés) así como cuatro millones de personas a mediados de
abril que huyeron de Ucrania debido a la invasión de Rusia.

La cantidad actual de refugiados a nivel mundial se está acercando
rápidamente al triple desde principios del siglo XXI (Gráfico 1).

Gráfico 1: Refugiados en todo el mundo desde 1960 a abril de 2022 (millones). Fuente: Acnur

Además de los más de 30 millones de refugiados, 4 millones de
venezolanos se encuentran desplazados en el exterior. Asimismo, más de 4
millones de personas son solicitantes de asilo, y el nivel global de
este tipo de solicitudes se ha multiplicado por cuatro con respecto a
los niveles de hace una década.

Después de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, la Convención de Refugiados
fue redactada y firmada por la Conferencia de Plenipotenciarios de las
Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados y los Apátridas,
celebrada en Ginebra del 2 al 25 de julio de 1951.

La Convención y su posterior Protocolo de 1967 sobre el Estatuto de
los Refugiados sientan las bases del actual régimen internacional de
refugiados. Son los principales documentos legales internacionales que
definen el término “refugiado”, describen sus derechos y las
responsabilidades de los países, e indican las instituciones que los
protegen.

El artículo 1A (1) de la Convención define “refugiado” como alguien
que no puede o no desea regresar a su país de origen debido a un fundado
temor de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad,
pertenencia a un grupo social particular, o la opinión política.

Sin embargo, este término a menudo se usa de manera más amplia y
flexible que su definición legal. Por ejemplo, el uso coloquial y
mediático, el discurso público general y los comentarios políticos
incluyen con frecuencia a personas que buscan refugio y una vida mejor,
pero que no cumplen con los criterios que la Convención prevé para un
refugiado.

Un principio fundamental es la “no devolución”. Ese principio
establece que un refugiado no debe ser devuelto a un lugar donde su vida
o su libertad se vean amenazadas por motivos de raza, religión,
nacionalidad y pertenencia a un determinado grupo social u opinión
política.

La mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas, unos 149
países de 193, han firmado o ratificado la Convención, su Protocolo o
ambos. Los 44 países restantes, muchos de los cuales son los principales
países de acogida de refugiados, no son parte de ellos.

Sin embargo, las acciones de las naciones con respecto a los
refugiados no están directamente relacionadas con si son parte de la
Convención o el Protocolo. De hecho, muchos signatarios de la Convención
y el Protocolo no cumplen con sus responsabilidades de protección con
respecto a los refugiados, a menudo creyendo que es un problema de otra
persona. Cada vez más, las protecciones a los refugiados se politizan y
se perciben en conflicto con los intereses y prioridades nacionales.

Estrechamente vinculado con los documentos sobre refugiados está el
artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos sobre el
derecho a solicitar asilo. Esa disposición prevé que “toda persona
tiene derecho a buscar y gozar de asilo en otros países contra la
persecución”. Sin embargo, para que se le conceda asilo, una persona
generalmente debe cumplir con los estándares de la definición legal de
refugiado.

La pobreza, la falta de empleo, vivienda, educación y atención
médica, la mala gobernanza, el cambio climático y la delincuencia
generalmente no se consideran motivos legítimos para otorgar asilo. Por
lo tanto, en la mayoría de los casos, las solicitudes de asilo se niegan
porque no cumplen con la definición de refugiado.

En Estados Unidos, por ejemplo, aproximadamente dos tercios de las
solicitudes de asilo fueron denegadas en los últimos dos años. Las tasas
más altas de solicitudes de asilo en 2020 denegadas en primera
instancia se registraron en algunos países europeos, como Hungría con
casi 90 %, Italia con 86 % y Francia con 84 %.

Las preocupaciones sobre el número récord de refugiados, solicitantes
de asilo y personas desplazadas a través de las fronteras llevaron al
Pacto Mundial sobre Refugiados, que se lanzó en 2018 y que tenía por
objeto optimizar y coordinar mejor las respuestas de la comunidad
internacional y los países de acogida. Sin embargo, el Pacto, que era
voluntario y no vinculante, ofrecía promesas y sugerencias sin un plan
de implementación ni medidas claras de progreso.

Los niveles récord de desplazamiento están poniendo a prueba el
sistema internacional de refugiados. Las agencias humanitarias y los
países de acogida, que se encuentran predominantemente en países en
desarrollo como Turquía, Colombia y Uganda, y más recientemente en
Polonia, luchan por satisfacer las necesidades básicas diarias del
creciente número de hombres, mujeres y niños.

Casi la totalidad de las 1800 millones personas adicionales
proyectadas para mediados de siglo se registrarán en países menos
desarrollados. Por ejemplo, mientras que se prevé que África agregue más
de mil millones de personas a su población para mediados de siglo, se
espera que la población de Europa disminuya en casi 40 millones durante
las próximas tres décadas (Cuadro 2).

Cuadro
2: Proyección del aumento de la población para el mundo y las regiones
para el periodo 2022-2050 (variante media, millones). Fuente: ONU

Las dificultades económicas, la pobreza, el malestar social y los
conflictos también aumentan la probabilidad de futuros flujos de
refugiados, solicitantes de asilo y personas desplazadas. Se puede
esperar que muchas personas que tienen pocas posibilidades de emigrar
legalmente recurran a la migración no autorizada.

Para poder ingresar a su país de destino, muchos inmigrantes no
autorizados solicitan asilo a pesar de que la mayoría de las solicitudes
posteriormente no cumplan con los estándares legales para resultar
exitosas. Sobre la base de las experiencias del pasado, un número cada
vez mayor de migrantes no autorizados cree que solicitar asilo les
permite ingresar y permanecer en el país incluso si finalmente se
deniega su solicitud, cuya adjudicación generalmente se demora largos
períodos.

Las consecuencias de tal migración son un serio desafío para los
gobiernos. Según los datos de encuestas internacionales recientes, el
mundo se está volviendo menos tolerante con los migrantes, especialmente
cuando estos difieren étnica, religiosa y culturalmente de la población
del país de acogida. Conciliar la seguridad fronteriza, la soberanía
nacional, la integridad cultural y los derechos humanos básicos sigue
siendo un gran desafío para los principales países receptores de
migrantes.

Además, se espera que la migración relacionada con el clima se
convierta en un problema más crucial en los próximos años. Un número
cada vez mayor de personas, particularmente en las regiones en
desarrollo, se verá obligada a adaptarse al calentamiento global y las
condiciones ambientales cambiantes, y muchas se convertirán en
«refugiados climáticos».

Un fallo histórico reciente del Comité de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas declaró ilegal que los gobiernos devuelvan a los
migrantes a países donde sus vidas podrían verse amenazadas por una
crisis climática.

En general, las respuestas a los formidables desafíos migratorios
actuales de un número cada vez mayor de refugiados, solicitantes de
asilo, migrantes no autorizados y personas desplazadas a través de las
fronteras no son alentadoras.

Esas respuestas incluyen más muros, barreras y vallas, una mayor
cantidad de guardias fronterizos, patrullas marítimas, obstáculos y
centros de detención, el fortalecimiento de los nacionalistas de
derecha, el aumento de la xenofobia, el incremento de los temores al
terrorismo y la delincuencia y, lo que es más importante, eludir las
responsabilidades de protección.

En prácticamente todas las regiones importantes, los gobiernos se
están comportando como si la Convención de Refugiados de 1951 fuera
anticuada, ineficaz e incongruente con los intereses nacionales. En
síntesis, en más y más países, está teniendo lugar el ocaso de la
Convención de Refugiados de 1951.

Joseph Chamie es demógrafo, consultor independiente y exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas.

Fuente: https://ipsnoticias.net/2022/04/el-ocaso-de-la-convencion-de-refugiados-de-1951/



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