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Encuentro de amigos en el Mercado de Encruzilhada – Rebelion

Este
sería quizás el título de la noticia de lo ocurrido en el Mercado
Público de Encruzilhada, en Recife, el sábado 23 de julio de 1922.
Pero antes, un breve repaso a la acción.

Una
vez intenté escribir sobre una reunión de amigos y no quedé
contento. Ya sea porque el motivo inmediato de la narración era la
difícil supervivencia al cáncer, o porque la historia encerraba un
desenlace desesperanzador para los que pasaban de los 60 años, no me
gustó. El pesimismo impuso sus leyes, en las que el mayor de ellos
rezaba para que la derrota de la lucha contra la injusticia fuera
completa. Un cuento así, además de ser mentira, no debería
escribirse, creo.

Uno
de los defectos de esa historia era que era pretenciosa, lo que en
literatura sucede cuando creemos demasiado en los poderes de la
imaginación. Pues bien, sólo la callosa madurez del oficio nos
demostrará que el don supremo de la literatura es la realidad, la
realidad misma, sin limitaciones ni fronteras, la realidad con todo
lo que contiene de lo más íntimo de las personas, desde la
felicidad hasta el dolor, la realidad en la que se bucea sin
prejuicios. No lo sabía entonces, ni me lo imaginaba.

Pero ya antes de este último sábado, el escritor Marco Albertim había publicado en Vermelho la hermosa crónica «No sábado gordo«. En el texto hay una evocación precisa de otra reunión de amigos;

«En
la Sé, la curva de los años tiene el consuelo del viento del
sureste; sopla en la cara de cada uno, cómplice del flujo de las
palabras. Zanoni, disfrutando de las cachaças, las aprecia como un
licor; las sorbe sin hacer muecas. El pequeño vaso desaparece, se
confunde con sus finos dedos. El delgado Zanoni apenas come; bebe con
gestos clericales, en contraste con las gruesas botas de sus pies.
Son las tres de la tarde, hace calor. Lleva calcetines».

En
este último, el sábado fue de otra naturaleza. Por sugerencia de
Zanoni, nos reunimos con motivo de la celebración de la novela «La
más larga duración de la juventud» en Nueva York. Zanoni, a su
manera, propuso la reunión cobrando:


Conquistas cosas y no lo cuentas, te escondes de tus amigos. Pero
tenemos que celebrarlo.

Bajo
un cargo tan generoso, un cargo en el que el que cobra es el que
recibe el regalo, tratamos de llamar a nuestros amigos. Pero a
nuestra edad, no pudieron estar presentes todos los que nos hubiera
gustado conocer. Empezando por Marco Albertim, cuya muerte motivó la
escritura de la novela. Empezando por José Carlos Ruy, que hizo el
puente y la alegría entre yo, el escritor y editor Eric A. Gordon y
el traductor Peter Lownds. Esas fueron inmediatamente las presencias
más necesarias. Y hace poco perdimos a nuestro Joaquim Alencar. El
corto amante de la literatura. Hugo Cortez, nuestro amigo y
sociólogo, no pudo asistir porque se estaba recuperando de Covid.
Arnóbio Pereira vendría, pero tenía que asistir a una hermana
convaleciente. Pero lo más importante es que celebramos la reunión
y fue buena.

De
Natal llegó José Antonio Spinelli, que es el modelo de uno de los
personajes de la novela, pero no diré cuál, porque no soy tonto.
Más adelante llegó Jayme Benvenuto, profesor de derecho y escritor,
que escribió un guión cinematográfico para la novela. Después de
mí, el primero en llegar fue el profesor de matemáticas y escritor
Zanoni Carvalho. Con Spinelli llegó su hijo mayor, el abogado Amaro
Cavalcanti Lindoso. Y luego estaba el abogado Aldo Dantas, que se
encargaba de los negocios inmobiliarios de Spinelli. De él tenemos
una frase antológica:


No se da dinero a los abogados. Usted paga por los servicios
prestados.

Y
la presencia del imprescindible Hercílio Lima, profesor de historia
y lector voraz. Por último, Luciano Siqueira y Luci Siqueira
iluminaron la reunión.

No
sabíamos si beber, comer o prestar atención al momento que nos
reunía en una confraternización de alma y carne. En palabras de
Spinelli, en un mensaje de Face:

«¡¡¡Nuestro
encuentro fue histórico!!! Pensé que se había acabado, que no
teníamos más gasolina para hacer una reunión tan importante. Y
entonces nos llegó esto. A pesar del peso de la edad y de las
dolorosas pérdidas que tuvimos, fuimos capaces de lograrlo, ¡¡¡lo
provocamos!!!».

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. No lo es. Pero se acerca, ¿ves? Aquí una foto de la reunión:

Un grupo de amigos compartiendo mesa durante la presentación de la traducción. Créditos: archivo personal del autor.

En
su mensaje, Spinelli habla de cómo pensaba que nos habíamos
agotado. ¿Pero no es así casi siempre? En cierto momento de la
vida, cuando pensamos que los movimientos de la existencia han
terminado, que todo ha acabado, he aquí que somos llamados y
arrastrados a nuevas luchas, que no esperábamos. Cuando escribí la
novela La vida más larga de la juventud pude ver que las formas y
las vidas no estaban todavía con nuestra historia terminada. Además
de las sorpresas, los asaltos y las transformaciones estaban en pleno
apogeo. Cuando creíamos que «la guerra había terminado»,
llegaban nuevas sacudidas y sobresaltos. ¿Ha muerto Marco Albertim?
¿Qué quieres decir, camarada, qué broma infame era esta? La fiesta
fue legal, sí, aunque en un capitalismo que no imaginamos, como me
preguntaste:


Sin un tocadiscos, ¿cómo vas a escuchar a Ella Fitzgerald?

Ya
no te escondías en la pensión donde vivía, ya no necesitabas
disciplinar tus intestinos para usar el baño al amanecer, cuando ya
no dependías de mí para compartir tu comida, una comida que no era
mía, era de la gloriosa Acción Popular, entonces, amigo mío, en la
fase en la que podías escribir y publicar con tu nombre, en la que
podías beber, comer, fotografiar, pasearte con unas modernas gafas
de sol, una bolsa con los clásicos al hombro, cuando todo parecía
estable, llegó un asalto por la traición.

Y
así, lanzado a lo imprevisto, un año después, y a partir de su
muerte, comencé a escribir la novela, que ahora se publica en
Estados Unidos.

El autor con la traducción en sus manos. Créditos: archivo personal del autor.

Días
después, Luciano Siqueira publicó en su página de Instagram:

«Urariano
Mota celebró con sus compañeros de viaje, el pasado sábado, en el
Mercado de Encruzilhada, la edición traducida al inglés, en Estados
Unidos, de su novela ‘La más larga duración de la juventud’.

Estuvimos
allí con gran alegría.

Su
obra literaria es original y vigorosa. Orgullo para nuestra
generación 68″

El autor con Luciano y Luci Siqueira en el Mercado durante la presentación. Créditos: archivo personal del autor.

Este
encuentro nuestro, esta contradicción de la juventud que se prolonga
en el pelo blanco, este presente que tuve una anticipación en la
conversación con Marco Albertim, en el Bar do Peneira en Olinda, y
que recupero en las páginas de la novela:

«-
No soy un anciano. De hecho, no somos viejos.


Lo sé. El deseo de cambiar el mundo continúa».

Así
fue, así es, así sigue siendo. El traductor Peter Lownds, al ver el
vídeo de nuestro encuentro, me respondió:


¡Genial! El próximo sábado, enseña a tus amigos a decir Juventud
sin fin: Nevah Endin’ Yoot , con acento neoyorquino.

Pero
nosotros, que no sabíamos lo que nos iba a enseñar el traductor,
nos limitamos a gritar:


¡Viva «La mayor duración de la juventud»!

Fue
un momento mágico ver a los caballeros de pelo blanco saludar a la
juventud rebelde que les ardía en el pecho. El video corto aquí

Traducción: el autor.

Urariano Mota es escritor, autor de la novela A mais longa duração da juventude, aún sin traducción al castellano.

Fuente: https://vermelho.org.br/coluna/romance-leva-a-encontro-de-amigos-no-mercado-da-encruzilhada/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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