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Entrepobles expone en Valencia 40 fotografías de defensores amenazados en Guatemala y Honduras – Rebelion

La asociación Entrepobles expone hasta el 27 de marzo, en el Col·legi Major Rector Peset de la Universitat de València, 40 fotografías y textos del fotoperiodista Gervasio Sánchez sobre 40 defensores de los derechos humanos y ambientales en Guatemala y Honduras. Los protagonistas de la muestra Activistes per la vida están amenazados de muerte.

Según
Entrepobles, “esta defensa entra en conflicto con los intereses de grandes
empresas o grupos transnacionales que operan con impunidad para la extracción
de los recursos naturales y las materias primas -sobre todo de minería,
hidroeléctricas y monocultivos- en Honduras y Guatemala, dos de los países más
violentos del mundo”.

En
la organización de Activistes per la vida
ha participado el Col·legi Major Rector Peset de la Universitat de
València. Además han colaborado el Ayuntamiento y la Generalitat Valenciana.

Uno
de los 40 testimonios e imágenes corresponde a Míriam Miranda (Vallecito,
Colón, Honduras), coordinadora general de la Organización Fraternal Negra de
Honduras (OFRANEH) desde 2008. La defensora fue objeto de varios intentos de
asesinato, además la OFRANEH ha sido “criminalizada y estigmatizada”; Míriam
Miranda está acogida a las medidas cautelares dictadas por la Comisión y la
Corte Interamericana de Derechos Humanos, y su seguridad está supervisada por
el Mecanismo de Protección del Estado, “pero aquí sirve de poco”.

Los
paneles de la exposición de Entrepobles adjuntan a la fotografía el testimonio
de la defensora: “La ley del turismo (de Honduras) permite a los inversionistas
promover sus proyectos turísticos en áreas de biodiversidad protegidas. El 80%
de nuestros territorios ancestrales están afectados por ingenios de palma
africana, y 24 de las 28 comunidades garífunas se encuentran en las llamadas
Zonas Especiales de Desarrollo y Empleo, donde se quieren construir las ciudades
modelo”.

Gervasio
Sánchez (Córdoba, 1959) realizó las fotografías de los 40 hombres y mujeres
luchadoras entre 2018 y 2019, durante tres meses y varios viajes a Honduras y
Guatemala; La iniciativa Activistes per
la vida
incluye, asimismo, material audiovisual y el libro de 148 páginas
con el mismo título, editado por Blume en lengua castellana y catalana.

Fotógrafo
y periodista independiente, Gervasio Sánchez colabora desde marzo de 1987 en El
Heraldo de Aragón, entre otros medios. Empezó hace cuatro décadas a cubrir –con
la cámara y la pluma– conflictos
armados; fue en 1982 en Israel, que ese año invadió Líbano. Su trabajo continuó
entre 1984 y 1992 en América del Sur y Central; en los años 90 del siglo pasado
estuvo destacado en las guerras de los Balcanes y comenzó la experiencia en el
continente africano (desde 1994 en el conflicto de Ruanda).

En
entrevista previa a la inauguración de la muestra, el fotoperiodista señala a
uno de los retratados, “caso claro de activista condenado y que se hallaba en
el punto de mira de los poderes fácticos y grupos paramilitares de Guatemala”;
se trata de Bernardo Caal Xol, defensor del territorio y el agua en el
municipio de Santa María Cahabón (departamento de Alta Verapaz); el dirigente
maya kekchí fue condenado en 2018 a siete años y cuatro meses de prisión; la
exposición recuerda que participó en las protestas contra la construcción de
infraestructuras hidroeléctricas en los ríos Cahabón y Oxec.

Bernardo
Caal Xol cumplió el pasado 22 de enero cuatro años en la cárcel; ha podido
salvar la vida; “en cierto modo pudo favorecerle
la repercusión internacional que tuvo el asesinato de la líder indígena lenca
en Honduras, Berta Cáceres”, ocurrido en marzo de 2016, apunta el autor de la fotografía.

En
un viaje anterior a Honduras, el periodista conoció a Juan Samuel Matute Ávila,
de 23 años, y a su padre, José Salomón Matute, de 77; ambos fueron asesinados
en 2019. Pero su recuerdo puede deducirse en una imagen de la exposición, la
del otro vástago, Ramón Santiago Matute Ávila, indígena tolupán y defensor del
territorio en San Francisco Campo (departamento de Yoro).

En
uno los textos se amplía la información: “Los indígenas tolupanes de la tribu
San Francisco Locomapa en Yoro luchan contra una empresa minera de extracción
de antimonio, y contra la tala de pinos por parte de la compañía de extracción
de madera INMARE, que ya ha conseguido extraer 8.000 metros cúbicos de madera”.

Gervasio
Sánchez destaca asimismo la “gran fortaleza” de una de las mujeres retratadas,
indígena lenca: Rosalina Domínguez; es tesorera del Consejo Cívico de
Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y madre de 11 hijos.

“El
río Gualcarque iba a ser utilizado para construir una represa y una
hidroeléctrica por parte de la empresa DESA (Desarrollo Energético, SA). Se
paralizó tras el asesinato de Berta Cáceres en 2016. En el juicio se acusó al
Estado de concesión ilegal. Desde el principio del proyecto, en 2006, empezaron
las amenazas y el hostigamiento contra los indígenas”, explica Rosalina Domínguez,
de 51 años (la exposición incluye el retrato de la actual dirigente del COPINH,
Bertha Zúñiga Cáceres, quien afirma: “El Banco Holandés de Desarrollo es
culpable por negligencia del asesinato de mi madre”).

Los
casos de violencia no son excepcionales. Entrepobles se hace eco de un informe
de ACI-Participa con datos de 2019; se registraron en Honduras ese año 1.115
ataques y agresiones contra 499 activistas, en 15 de los 18 departamentos del país;
la consecuencia fue la muerte de 29 personas defensoras (una veintena murieron
asesinadas en 2020), con unos porcentajes de impunidad del 90%.

La
ONG añade que Honduras es el tercer país más desigual del mundo. Así, “desde
2009 se han aprobado 384 proyectos mineros, 48 de grandes presas
hidroeléctricas y 123 pequeñas; el cultivo extensivo de palma africana ya ocupa
más de 300.000 hectáreas. Los pueblos campesinos, indígenas y garífunas, con
sus formas de vida ancestrales y sostenibles, viven bajo la amenaza de las
empresas extranjeras”.

En
Guatemala una parte significativa de la economía se vincula a la inversión
privada, el extractivismo y la exportación de materias primas.  Entrepobles da cuenta de los datos (primer
semestre de 2021) de la Unidad de Protección de Defensoras y Defensores de
Derechos Humanos de Guatemala (UDEFEGUA): 551 agresiones y cinco asesinatos. En
cuanto a los procesos judiciales, “son largos y plenos de irregularidades, como
parte de una estrategia de desgaste a todos los niveles de las luchas
comunitarias”.

En
noviembre Gervasio Sánchez publicó el libro de fotografías y texto Violencias, mujeres, guerras (Ed. Blume),
de 148 páginas y con decenas de historias sobre el sufrimiento de la mujer en
los conflictos armados.

Ejerce
el periodismo desde 1984. Décadas de presencia en conflictos armados y crisis
humanitarias, ¿dejan huella en la salud mental? “Cualquiera que haya estado en
una guerra ha sufrido estrés postraumático, pero historias como las de los 40
activistas me fortalecen como persona; además creo que en Occidente nos
quejamos demasiado; y cuesta mucho que el ciudadano medio se movilice”,
responde.

Sobre
los conflictos olvidados o silenciados en los medios convencionales, “no están
contándonos lo que ocurre en Yemen, Malí, Myanmar, Burkina Faso y tantos otros
países; de Afganistán, que lleva 42 años en guerra, nos informan durante unas
semanas y el país desaparece de los informativos; la mayor parte de los
conflictos internacionales pasan inadvertidos”, sostiene el fotoperiodista. Respecto
a la persecución de activistas en Guatemala y Honduras, considera que se sabe “muy
poco” en Europa occidental, y el estado español en particular.

En
las imágenes y los artículos, ¿prioriza la belleza formal o la denuncia?
Sánchez afirma que le agrada presentar los trabajos con profesionalidad y buena
técnica, pero “tiene que haber una historia que contar”; en Activistes per la vida,el autor no tenía particular interés en
que las fotografías fueran creativas,
pero sí en el contexto de conflicto.

Ejemplo
de ello es la instantánea de seis personas tras una barricada, con el médico
jubilado y portavoz de la resistencia contra la mina San Rafael (San Rafael Las
Flores, departamento de Santa Rosa, Guatemala), Alfonso Solórzano, en el
centro.

O
de Aparicio Pérez, cuya imagen es captada en una barca, junto a dos compañeros;
defensor del agua, integrante del Comité de Unidad Campesina (CUC) en el
municipio de Coatepeque (Quetzaltenango, Guatemala), Aparicio Pérez ha señalado
a los responsables de las plantaciones de palma africana y bananeras. En la
exposición comparte algún episodio de su experiencia militante: “En junio de
2017, un guardia de seguridad mató a un compañero de 70 años que estaba a mi
lado durante una protesta. Lo más probable es que la bala fuera dirigida a mí”.

El
fotoperiodista y corresponsal de guerra, Robert Capa, consideraba que si una foto no es de calidad, ello se debe a
que el autor no se acercó lo suficiente. Gervasio Sánchez defiende que el
término “suficiente” puede entenderse también como “estar cerca de las
víctimas, ir a sus comunidades y sentir lo mismo que ellos; acompañarlos,
aunque a mí no me van a matar y a ellos puede que sí; cuando luchas por el
medio ambiente en Europa y Estados Unidos, puedes llevarte -como mucho- un porrazo; pero allí te pueden asesinar…”.

Ya
en el final de la entrevista, el Premio Nacional de Fotografía en 2009,
especializado en conflictos armados, comparte ideas sobre su aprendizaje y
método de trabajo. Ha aprendido, “sobre la marcha” y en el terreno, de su amigo
Sebastiao Salgado y autores de referencia como James Nachtwey, Gilles Peress o
Ivo Saglietti. “Nunca he hecho un curso de fotografía”, reconoce; y matiza respecto
al paso del tiempo: “Hoy la gente joven está mejor preparada”.

Afirma,
asimismo, que la tecnología es importante “pero no lo es todo”. De hecho, el
reportero realizó con un teléfono móvil las fotografías sobre la COVID que hizo
entrando en residencias. Junto a otros 26 fotógrafos latinoamericanos y
españoles, las aportó al libro Pandemia (Ed.
Blume), cuyos beneficios se destinan a las familias de fotógrafos fallecidos
mientras cubrían la enfermedad en diferentes países.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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