Politics

Érika Castillo: “¿Por qué conocemos a Sartre y no a Simone de Beauvoir?”

Érika Castillo Barrientos (Concepción, Chile, 1968) ha rastreado la presencia de la metaficción en la literatura latinoamericana declinada en femenino, aunque ha acotado el análisis a cinco autoras de novelas con enfoque de género, cuyas protagonistas son conscientes de que su papel es el de escritora.

Metaficción y feminismo en la novela latinoamericana finisecular escrita por mujeres (Dykinson) analiza las novelas Los vigilantes y El cuarto mundo, de la chilena Diamela Eltit; Traficantes de belleza y La nada cotidiana, de la cubana Zoé Valdés, La multitud errante y La novia oscura, de la colombiana Laura Restrepo; Sofía de los presagios y La mujer habitada, de la nicaragüense Gioconda Belli; y El agua en el agua, de la argentina Paula Pérez Alonso.

Doctora en Filología Española, Érika Castillo ha ejercido cargos directivos en universidades chilenas y actualmente es vicepresidenta de la Comisión Nacional de Acreditación, aunque su faceta investigadora la ha llevado a profundizar sobre el enfoque de género en la literatura. Para que llegue a las aulas, tanto escolares como universitarias, considera que es necesario asumir el respeto intercultural y la diversidad de quienes conviven en esos espacios, porque “la pedagogía está en el otro”.

Las escritoras hacen referencia a sí mismas y a sus experiencias vitales. ¿Cuánto de real hay en la metaficción?

Las autoras expresan el estar conscientemente escribiendo un texto literario; esa característica refleja la metaficción presente en sus novelas. Ellas son sujetas de escritura, la escritura las ubica en un espacio y tiempo que les permite hablar, pensar y expresar. Ese proceso es real, siguiendo la discusión de “la verdad de la ficción”. Es inevitable interpretar que en estas novelas existen referencias o aprendizajes que provienen de experiencias vitales, desde los espacios geográficos en que se instalan los relatos, hasta los temas que abordan con sensibilidad y complejidad desde la experiencia femenina.

La metaficción opera como soporte de desarrollo textual para la temática femenina: la escritura de metaficción como sustento teórico para una producción con fines políticos y reivindicativos. Es decir, las características que se atribuyen a un tipo de novelas contemporáneas escritas por mujeres que desarrollan la perspectiva de género y, en muchos casos, se valen de procedimientos utilizados en la escritura de metaficción, aunque no de manera exclusiva ni excluyente.

Ahí está Gioconda Belli y la búsqueda de personajes femeninos que encuentran mundos fascinantes, sensuales, llenos de erotismo y feminidad; Paula Pérez Alonso y el camino errante de aprendizajes que experimentan violencias extremas; Laura Restrepo y la exploración de lo que no se dice —en La novia oscura, por ejemplo, que Sayonara es una prostituta—, que a ratos parece una metáfora de las contradicciones latinoamericanas, etcétera.

En todas se refleja la importancia de la autoconciencia y de la autoreflexión.

En su estilo, en el punto de vista de la narradora o narradores, en la forma que nombra a sus personajes, en el uso del lenguaje que estos muestran… Producto de la autorreflexión, logran llegar a una conciencia que es “otra realidad, otra profundidad, otra forma de narrar”. Por ello, esta característica hace de estas novelas una tipología distinta.

La escritora chilena Érika Castillo, en la presentación de su libro en Madrid.
La escritora chilena Érika Castillo, en la presentación de su libro en Madrid. CNA


Alejadas de la novela realista, se adentran en el terreno de la reivindicación y en la exigencia de la igualdad.

Mi análisis subraya que las autoras fortalecen un género vindicativo. Recojo los mensajes de crítica más o menos explícita a lo que puedo denominar la “situación de la mujer”, que no se narra desde la opresión o subordinación que viven o pueden vivir. Lo interesante es que se narran desde sus propios mundos no contados, porque no son parte de lo que las tradiciones literarias, por muy vanguardistas que hayan sido, lograran pesquisar. Me refiero a los nuevos sentidos que dan a la palabra, a la escritura, a las relaciones personales, a la otredad, a los espacios, a las sensaciones… Es vindicativo, identificando otras entradas, como abriendo lugares y sensibilidades no reconocidos ni pensados.

Además, tienen la conciencia o la necesidad de situarse en coordenadas temporales y espaciales, aunque bajo ambas subyacen las culturales.

La mayor conciencia es la cultural, pero estas novelas no se quedan en esa constatación, que podría ser confrontacional o simplemente de denuncia. Con esa claridad de fondo, construyen “otras” narraciones liberadoras con independencia creativa, que reorganizan y reinventan nuevos mundos que ellas habitan.

Usted identifica la categoría de tiempo-espacio como un intento de estabilización del yo. Ahí entran el deseo de identidad y el mundo paralelo, al margen del oficial.

La estabilización del yo es una constatación del análisis. Todas ellas necesitan permanentemente declarar una posición: dónde estoy, por qué estoy, desde este lugar “yo hablo”… Este solo acto consciente y recurrente es un rasgo del género vindicativo que me atrevo a exponer. Es decir: como el espacio cultural no me asigna, no me permite el espacio que yo deseo, quiero o necesito para decir mi palabra, lo debo crear y decirlo explícitamente para que mi palabra sea entendida. Así habla quien es consciente de no tener sitio propio.

La noche, como el lugar de lo posible. Una oscuridad donde se invierten las relaciones sociales y una se hace visible, cobra protagonismo y conecta con sus deseos y anhelos.

La noche se llena de nuevos sentidos para ser el espacio que el día no permite. En la noche se adquiere protagonismo, aunque un protagonismo reflexivo. En la noche se puede crear y pensar, ser más consciente y creativa. Al valorar y explicar este rasgo de las novelas, algunas lectoras me han comentado que la noche cobró sentido desde ese momento. “No lo había pensado, pero eso también me pasa a mí”, me dijo una. La noche es así un espacio tiempo que se reconstruye para poder pensar y decir. Se idealiza porque es activa y entrega claridades, oportunidades y presagios… que se instalan a través de la recurrencia o el sincretismo.

Como escribe Diamela Eltit en Los vigilantes: “Me siento inmersa en una noche infinita, plena de subterfugios amenazadores. Tu hijo no duerme en esta noche y juega de manera veloz, escenificando a un espacio sitiado que no le permite ya ninguna salida. Ah, si hubiera alguien con quien compartir nuestros ojos abiertos, desvelados, enrojecidos. Ahora llego a pensar que esta noche podría no terminar nunca, estimulada por un frío que no sé en cuánto más podemos resistir”.

Érika Castillo, en la Conferencia Mundial de Educación Superior.
Érika Castillo, en la Conferencia Mundial de Educación Superior.

La maternidad, escribe en su libro, “pone en ejercicio la otredad como un experimento privado” y es “otro lugar en el que se ejerce el poder”. Y en algunas autoras hay una mirada crítica.

La maternidad como experiencia vital es recogida en estas novelas. Hay madres, madres protagonistas, hijos e hijas que interpelan a sus madres por la conciencia de maternidad que ellas tienen y que sus hijos perciben… Sin duda, esta forma de sentir y vivir la maternidad en clave de mirada de género resignifica el discurso oficial. Y sitúa a los hijos e hijas en un diálogo embrionario, valorando su tránsito a la vida exterior principalmente a través de acompañar el lenguaje. Los niños y niñas son sujetos que aprenden el lenguaje, lo exploran y lo crean: eso los hace sujetos.

La maternidad como otredad interior permite remirar la convivencia, el vínculo, los sueños, el cuerpo, las fisuras… Se observa en El cuarto mundo, de Diamela Eltit (“Buscaba visualizar por dentro su proceso biológico para alejar de ella el sentimiento de usurpación”), o en Traficantes de belleza, de Zoé Valdés: “Estoy segura de que observaré el mundo con el poder del milagro, con poesía con, con… tatatahuah, ag, ag, ag, ag, tatatahuuuaaah (imitación de gorjeos de bebé, el cuerpo va replegándose, irá recogiéndose hasta quedar en posición fetal, como protegido en el interior del útero). Uuuuaaaah, uuuuaaaah. (Llanto de recién nacido)”.

Más allá de la metaficción, sobre las que se asientan las novelas, ¿cuál es el nexo de unión entre las escritoras que ha investigado?

Son contemporáneas, tienen un enfoque de género, ensayan espacios de resignificación de las mujeres y tienen una postura consciente de crítica al sistema cultural. Comparten el esfuerzo de identificar lo común para ver si desde allí también es posible generar rasgos de identidad, en este caso latinoamericana. Se ha reconocido la imagen de “constelación”, como si estos relatos organizaran otro escenario que permite ver y verse integrada y reconocida.


Además de sus ensayos, trabaja en el campo educativo. ¿Cómo se puede aplicar la perspectiva de género en las aulas?

Un enfoque de género en las aulas escolares y de educación superior significa asumir el respeto intercultural y la diversidad de quienes conviven en esos espacios, así como conocer y comprender los proyectos de los centros educativos, sus valores y el nivel de coherencia entre esos valores y las prácticas educativas. Esto resulta importante, porque la pedagogía está en el otro. Es una profesión en la que te preparas para permitir a los otros y otras el máximo de potencialidades.

Entonces, aplicar perspectiva de género es explicar, cuestionar y ser explícito en ello. Preguntémonos por qué conocemos a Erich Fromm y no a Frieda von Reichmann. O a Jean-Paul Sartre y no a Simone de Beauvoir. Como si sus aportes fuesen en soledad y no en construcción dialógica con ella. Creo que hacer visible el dialogismo con mujeres en la cultura abre oportunidades educativas de valoración de lo privado y adecuación del valor a lo público.



Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published.