Politics

la delincuencia de Saint Denis y la hipocresía de la política

Los actos de delincuencia sufridos por aficionados ingleses y españoles en torno al estadio de Saint Denis avergüenzan a muchos franceses y han disparado una nueva polémica política a dos semanas de las elecciones generales. “Saint Denis no es París, créame, a usted no le gustaría estar en Saint Denis”. El exjugador del Arsenal y del Barça, Thierry Henry, intentaba explicar sin entrar en muchos detalles a periodistas norteamericanos lo que representa en Francia el barrio-ciudad que acogió al estadio donde se celebró la final de la “Champions”.

Henry daba a entender lo que muchos franceses piensan, pero no se atreven a decir: Saint Denis es una de las zonas de Francia con más delincuencia y donde muchos franceses de origen árabe, especialmente las mujeres, se sienten menos libres que en sus países de origen.

La amarga experiencia vivida el sábado por aficionados españoles e ingleses, aterrorizados, robados y agredidos por bandas de delincuentes locales, era algo previsible para cualquiera que viva en este país y conozca la realidad más allá de la visita turística a la capital. Se puede culpar a la UEFA, a la Federación Francesa de Fútbol, o a los hooligans británicos, como osó hacer el Ministro francés del Interior, Gerald Darmanin, es un ejemplo de hipocresía desvergonzada, pero es la Prefectura de París, responsable de la policía, quien conoce el terreno y otros “acontecimientos” similares protagonizados por grupos de vándalos organizados y bien informados del trazado que deben seguir los visitantes antes de llegar al estadio.

Entre los testimonios recogidos en las redes sociales, que siempre hay que tomar con mucha cautela, llama la atención el del conocido emprendedor argentino afincado en España, Martín Varsavsky: “Los aficionados del Liverpool y del Real Madrid estábamos todos juntos contra bandas de personas que nos atacaban y nos robaban. La policía no sabía cómo defender a la gente. Un policía nos dijo, ‘soy árabe y me muero de vergüenza de lo que está pasando’. Los atacantes eran árabes”, subrayaba el creador de Jazztel, Viatel, FON y otras empresas, que acudió a la final acompañado de sus dos hijos.

Racismo antieuropeo

Varsavsky se vio obligado a justificarse al manifestar que, como inmigrante, siempre apoyó la inmigración, para recalcar que lo vivido en París fue un horror: “Cientos de parisinos africanos atacando a los fans, riéndose de nosotros al vernos en pánico. “Era racismo contra los europeos”.

Una experiencia de este tipo vale más que cien citas de sociología urbana de las que estamos acostumbrados a recibir los residentes en este país de la parte de expertos que, o bien viven en los cada vez más reducidos barrios donde la delincuencia no impone la ley, o bien prefieren esconder la realidad para no ser considerados miembros de la “fachosphère”.

Las palabras de Thierry Henry y el tsunami de informaciones en las redes -con imágenes no traficadas- hicieron reaccionar al alcalde de Saint Denis, Mathieu Hanotin, miembro del Partido Socialista y encantado de integrar a su formación política en la plataforma de la izquierda radical creada por Jean-Luc Melenchón. En un largo texto, Hanotin respondía al exjugador de origen antillano que, efectivamente, Saint Denis no era París, pues en su localidad el índice de pobreza en una de las más altas de Francia y la inseguridad es una lacra a la que “no hemos podido poner freno”. Hanotin, que, por cierto, lleva 15 años como alcalde de Saint Denis, informaba también de que en su localidad conviven 150 nacionalidades diferentes y cuya población en un 50% tiene menos de treinta años.

Todo muy bello, pero es ese retrato el que demuestra el fracaso del comunitarismo en Francia. Toda la buena voluntad de políticos y asociaciones de todo tipo- chiringuitos subvencionados incluidos – choca contra una realidad que no por intentar ocultar deja de existir. Que la inmensa mayoría de las bandas de delincuentes que asolan hoy as ciudades francesas están formadas por descendientes de inmigrantes magrebíes y africanos en general es una realidad estadística y visual. Denunciar como “fachas” a los que muestran esa realidad produce el efecto contrario de lo que muchos intentan frenar, el voto a la derecha radical representada por Eric Zemmour o Marine Le Pen.

Emmanuel Macron, “desaparecido” desde su victoria en las presidenciales, nunca ha mostrado especial sensibilidad por las cuestiones de delincuencia y su relación con la inmigración

Emmanuel Macron, “desaparecido” desde su victoria en las presidenciales, nunca ha mostrado especial sensibilidad por las cuestiones de delincuencia y su relación con la inmigración. Para su reconducido ministro del Interior, Gerald Darmanin (tránsfuga del ‘sarkozismo’) los acontecimientos del sábado en las calles y entorno al estadio de Saint Denis fueron causados por británicos llegados sin billete para la final de la Champions. Ni una palabra sobre los ataques a los turistas deportivos; ni una palabra sobre las bandas de delincuentes locales.

No conviene levantar la liebre electoral de la inseguridad y la violencia a menos de dos semanas de las legislativas, en las que el partido del presidente Macron, ‘Renacimiento’, debe obtener la mayoría de los 577 diputados para poder aprobar las leyes prometidas y hacer frente a la crisis económica nacional e internacional.

De la ‘petite Espagne’ a la ciudad del crimen

La “reconquista” prometida por Macron de los barrios donde el islam político y la delincuencia campa para desesperación de los habitantes que no tienen los medios de habitar en “zona liberada”, es, de momento, un fracaso y los ataques en Saint Denis son un perfecto ejemplo.

Algunas voces en defensa de los inmigrantes recuerdan que el barrio de Saint Denis acogió desde primeros del siglo XX a la ‘Petite Espagne’, el embrión de una comunidad de emigrantes españoles que, hasta hoy, han dejado huella en una parte de la ciudad. Pero comparar a esos inmigrantes con la nueva inmigración en Francia es desviar el tiro de la solidaridad. La composición étnica -conocida pero silenciada- de la población en las cárceles francesas es una prueba evidente. Para los recalcitrantes “inmigracionistas” habrá que recordar que es una minoría la que enfanga la imagen de toda una comunidad de ciudadanos integrados o con intención de asimilarse a la sociedad francesa.

Nadie debería extrañarse de que el que puede huye de los barrios “sensibles”, como eufemísticamente se designa a “los territorios perdidos para la República”. Se calcula que, en Saint Denis, en cuya catedral duermen los restos de 43 reyes y 32 reinas de Francia, malviven entre 150.000 y 300.000 inmigrantes ilegales“. “Un barrio explosivo, el departamento más criminógeno de Francia”, como señalaba ya en 2011 el policía Christophe D. en su diario, “Un poli de banlieue“.

Ahí sufrieron españoles e ingleses la desidia de las autoridades políticas francesas, ante la habitual desesperación de los policías, conscientes del peligro que se avecinaba con motivo del evento.

Saint Denis puede que no sea París, pero nadie fuera de Francia hace la diferencia y, menos, cuando la delincuencia y el abandono que sufre la capital francesa llena páginas en la prensa y libros desde que la socialista Anne Hidalgo (Notre Drame de París, o Gengis Anne) se hiciera con la administración de la Ciudad Luz en 2014, en coalición con verdes y comunistas.

El gobierno francés estudiará este lunes “las anomalías” de la final de la Liga de Campeones

París y Saint Denis acogerán los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2024 y el mundial de rugby de 2023. A la vista de lo vivido y visto el sábado pasado, muchos visitantes se pensarán más de dos veces asistir a las competiciones. Los delincuentes tendrán su plan preparado antes que los políticos. Eso, sin duda. París ya no es, ni será -a este paso- ya nunca una fiesta. Habrá que conformarse con el recuerdo de lo escrito por Hemingway, Cortázar o Vila-Matas, entre muchos otros.



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