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La ‘dieta milagro’ para vacas que frena el cambio climático

Ovejas participantes en el programa Seasolutions irlandés. / Reuters

Un aditivo de laboratorio con sello español reduce hasta un 30% las emisiones de metano del ganado, mientras que en Irlanda prueban el mismo efecto con algas como pasto

Rocío Mendoza

Las explotaciones ganaderas están en el punto de mira de los objetivos climáticos de la Unión Europea. La causa: las elevadas emisiones de metano procedente de la digestión de los rumiantes (gases, sin más) contribuyen al calentamiento global. Este gas no goza de tanta (mala) fama como el CO2, también de efecto invernadero. Pero reducir su presencia en la atmósfera resulta clave.

Tal y como explica Fernando Valladares, investigador del CSIC experto en cambio climático, aunque el tiempo de residencia del metano en la atmósfera es inferior al del CO2 (12 años frente a más de 120), es mucho más efectivo atrapando la radiación solar y contribuyendo de forma más potente al calentamiento. Se ha calculado que tiene 36 veces más potencial. Junto a ello, prosigue el profesor, “a diferencia del CO2, las concentraciones atmosféricas de metano están aumentando más rápidamente que en cualquier otro momento de las dos últimas décadas y, desde 2014, se acercan a los escenarios de mayor intensidad entre los diferentes gases de efecto invernadero”.

Contra esta realidad, la Unión Europea ha marcado como objetivo que las emisiones de metano procedentes de la ganadería sean reducidas en un 80-95% para el año 2050. Aunque esta actividad económica no es la única responsable de las emisiones de metano, sí se ha calculado que a ella le corresponde el 30% del total producidas por la actividad humana (esto es, de origen antropogénico). Esta es una de las razones por las que siempre se cita la reducción del consumo de carne en la lista de consejos a seguir para cuidar el planeta.

Frente a esta realidad, y con unos objetivos muy ambiciosos marcados, los ganaderos desarrollan programas para reducir el impacto medioambiental de su actividad, más allá de limitar el consumo de carne. Muchas de las investigaciones en marcha están encaminadas, sencillamente, a mejorar la digestión del ganado para que no emitan tantos gases nocivos.

Se ha llegado a estudiar la selección genética de los ejemplares de vacuno para detectar cuáles son menos emisores; pero los trabajos que primero han dado resultados han sido los encaminados a ‘tocar’ la dieta de las vacas.

El primer aditivo sintético

El primero en dar resultados efectivos cuenta con participación española y ha sido desarrollado a lo largo de diez años. Se trata de un aditivo de origen sintético (es decir, elaborado en laboratorio) denominado Bovaer que, añadido a la alimentación del ganado, “logra reducir las emisiones de metano en un 30%”. Este es el resultado que ha podido constatar a través de ensayos con animales un equipo de investigadores de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC), en Granada.

“Este compuesto molecular inhibe la actividad de los microorganismos estomacales responsables de las emisiones del gas en cuestión”, afirman desde la institución científica, quienes precisan que no supone ningún riesgo ni para el animal ni para el medioambiente. Es seguro para la salud de unos y de otros.

Bovaer -registrado por la empresa DSM Nutritional Product- va a suponer “una nueva herramienta al sector ganadero para avanzar en sistemas de producción de alimentos más sostenibles”, valoran los investigadores. Quizá sea el camino para comer carne y reducir la culpa de los consumidores medioambientalmente comprometidos.

Además de haber sido testada su eficacia, ya está aprobado su uso. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (European Food Safety Authority, EFSA) ha emitido el primer informe positivo en Europa sobre el mismo.

Otras líneas de investigación

David R. Yáñez Ruiz, investigador de la EEZ-CSIC y principal responsable de este estudio, ha calificado de “hito” el desarrollo y aprobación de este aditivo, que ha contado con la implicación de múltiples grupos de investigación en Europa, EEUU, Canadá y Australia.

Precisamente en este último país se ha investigado la capacidad de algunas algas para reducir de manera importante las emisiones de metano. Los pastos marinos podrían ser en un futuro otra de las vías de alimentación animal más eficientes y respetuosas con el planeta.

Concretamente, en el caso asutraliano fue estudiada la capacidad del
Asparagopsis taxiformis en ovejas, con reducciones de hasta un 70% menos de liberación de metano durante un periodo analizado de 72 días comiéndolas de forma continua.

María Hayes lidera la investigación de aplicar algas en la dieta del ganado irlandés para reducir los gases. @ /

Teagasc

En la actualidad, son los investigadores del programa Sea Solutions, fruto de la colaboración entre Unión Europea y Canadá y desarrollado por la Autoridad Agrícola y de Alimentación de Irlanda, quienes están explorando más a fondo las posibilidades de las algas que se encuentran en las costas irlandesas, con el fin de utilizarlas como aditivos para piensos de ovejas, ganado vacuno y vacas lecheras.

María Hayes dirige el proyecto en el centro de investigación alimentaria Teagasc y explica que seleccionan las algas para su posterior cribado. “Las que han demostrado en el laboratorio ser mejores para reducir las emisiones de metano son luego empleadas en los ensayos con animales”, explica Hayes.

Otros trabajos analizan el efecto de las algas marinas y sus extractos sobre la microbiota de los animales, que es la responsable última de la generación del metano. Desde Teagasc añaden que también se examina que no haya efectos negativos en la digestión de los alimentos o animales.

Sobre los últimos resultados, Hayes ha confirmado que han identificado algunas algas marrones que están dando resultados con un 20% de reducción en los primeros ensayos. “No serán una solución milagrosa -reconoce la líder del proyecto- pero pueden reducir significativamente las emisiones”.

¿Afectará al sabor de la carne? Es sabido que los pastos influyen en las características de la carne, por lo que hay dudas sobre si se notará en el plato el hecho de que el animal haya consumido algas como parte de su dieta.

Sobre esto, el profesor Sinéad Waters, colega de Hayes, explica que también se están analizando muestras de carne en busca de residuos para garantizar la aceptación del consumidor y la seguridad alimentaria. “Los mejores candidatos para reducir las emisiones de metano que surgen del estudio de ovejas serán investigados más a fondo en una gran prueba de ganado vacuno en Grange en la primavera de 2022”, anuncia.

Un objetivo global

En la reciente cumbre del clima COP-26 de Glasgow, la Unión Europea y Estados Unidos han impulsado la nueva alianza de 100 países que buscan rebajar las emisiones de metano de origen antropogénico en un 30 % para 2030. Es además un gas con una vida media en la atmósfera mucho menor, aproximadamente 12 años, que la del dióxido de carbono, cuya vida comprende un promedio de más de 100 años, por lo que los efectos positivos de la reducción de emisiones tendrían resultados más inmediatos a efectos de calentamiento global. Una tonelada de metano en la tierra tiene 56 veces más capacidad de calentamiento que una tonelada de dióxido de carbono en un horizonte de 20 años.

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