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La OTAN vuelve a fijarse en el Indo-Pacífico – Rebelion

La OTAN vuelve a fijarse en el Indo-Pacífico

El objetivo primario es China, mientras que el secundario es Rusia, que en opinión de la OTAN está en apuros y así la trata.

Las medidas adoptadas recientemente con respecto al Indo-Pacífico
bajo el liderazgo de EE UU incluyen la creación del QUAD (Diálogo de
Seguridad Cuatrilateral) con Singapur, Japón, India y EE UU; la alianza
informal, pero abiertamente militar, entre Australia, el Reino Unido y
EE UU, la  AUUKUS. Y la continuidad de las estrechas relaciones
tradicionales con la OTAN de Australia, Japón, Corea del Sur y Nueva
Zelanda.

¿Tienen base las amenazas que temen EE UU y la OTAN en el
Indo-Pacífico? La percepción de la amenaza se refiere a Taiwán y el
Tíbet, los mares del Sur de China y la garantía de la libertad del
sudeste asiático para tomar sus decisiones estratégicas, pero sobre todo
contener a China y mantener la primacía de EE UU y de la OTAN. El gasto
militar de EE UU triplica el de China. La OTAN actúa como multiplicador
de fuerzas incrementando la militarización de Asia y del Indo-Pacífico,
no en vano los presupuestos militares de todos los países de la región
están aumentando.

China insiste en la seguridad inclusiva y colectiva y
prioriza la prosperidad sobre la seguridad. Sin embargo, responde con
medidas militaristas recíprocas y mostrando músculo en los mares del Sur
de China. El reciente discurso de Xi Jinping sobre seguridad inclusiva y
colectiva, por otro lado, no menciona reivindicaciones territoriales ni
marítimas.

La reacción y posición de los países asiáticos ante la estrategia
indopacífica de la OTAN no es unánime; solo unos pocos la apoyan,
principalmente Singapur, Japón, Corea del Sur y Fiji. Myanmar y Laos
están con China. Tailandia, Camboya, Vietnam y Brunei se declaran
neutrales. Malasia e Indonesia, potencias emergentes y líderes en la
región, han manifestado su preocupación con respecto a la OTAN y la
AUUKUS.

Otros países asiáticos, como las repúblicas centroasiáticas, Mongolia
y países más pequeños como Sri Lanka y Nepal también se mantienen
equidistantes. En el sur de Asia, Pakistán participó tradicionalmente en
las operaciones de la Fuerza Internacional de Asistencia para la
Seguridad (ISAF) de la OTAN en Afganistán durante la guerra contra el
terrorismo. Los vínculos del régimen con China hacen que se mantenga
neutral. India es miembro de la QUAD, pero se ha declarado neutral con
respecto a la agresión rusa y la guerra en Ucrania. Dentro de la QUAD,
India está interesada en los ejercicios militares, pero desea centrarse
principalmente en la cooperación técnica y comercial, aunque no quisiera
involucrarse en ningún enfrentamiento entre China y la OTAN.

A la mayoría de los países miembros de la Asociación de Naciones del
Sudeste Asiático (ASEAN) y las islas del Pacífico les preocupa la
iniciativa estratégica de la OTAN y se resisten a las presiones para que
se decanten en el sentido deseado por EE UU. En general consideran que
el hiperactivismo de la OTAN en la región, la contención de China y la
expansión de las alianzas militares y estratégicas generarán tensiones
que no beneficiarán a nadie en la región. Al contrario, darán
lugar a una carrera de armamentos regional, a la proyección de la fuerza
y a una nuclearización que se habían evitado en toda la región incluso
durante la guerra fría.

La mayoría de países asiáticos se han beneficiado del ascenso global
de China; proyectos de infraestructura como la Nueva Ruta de la Seda han
ampliado las comunicaciones y favorecido el desarrollo de gran parte de
Asia, a pesar de los diversos problemas asociados. Han creado vínculos
valiosos y armoniosos tanto con EE UU y la OTAN como con China,
beneficiándose de ambos.

China ha resuelto conflictos fronterizos con varios países vecinos,
salvo con India, y le gustaría que varias cuestiones, como las del mar
del Sur de China, se resolvieran por la vía diplomática. De este modo,
la mayoría de los países asiáticos no ven en China una amenaza y no
desean verse arrastrados a ninguna escalada de tensiones o rivalidades
geoestratégicas. Además, existe un consenso político entre los regímenes
asiáticos en esta cuestión y los países de la ASEAN desean centrarse en
cuestiones internas. Su política exterior de prudencia, buscando el equilibrio entre las grandes potencias, configura su imagen nacional.

China no forma parte de ninguna alianza militar estructurada. Se considera un país en desarrollo
y parte del Sur global. Trata a los países asiáticos como socios y con
equidad; su ayuda exterior y al desarrollo no está condicionada; China
ha comenzado a interesarse por la seguridad no militar y el poder
blando. También se presta a comerciar en monedas nacionales, lo que
beneficia a estos países, y el comercio chino forma parte de las cadenas
de valor y de suministro en esta región, cosa que nadie quisiera
alterar.

Hay una especie de consenso entre los países asiáticos con respecto a
los destrozos causados por la OTAN en esta región durante los años de
la guerra fría. La Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO)
operó aquí como extensión de la OTAN de 1955 a 1977, estableciendo un
sistema de defensa colectiva frente a la China comunista. Aunque no
disponía de una fuerza permanente independiente, esta alianza justificó
la intervención militar a gran escala de EE UU en Vietnam, Laos y
Camboya. Los regímenes y pueblos asiáticos no ven con simpatía las
intervenciones y guerras de EE UU en Líbano, Afganistán, Libia e Irak.

La Carta de las Naciones Unidas que codifica el Derecho internacional
obliga a los Estados a recurrir a la fuerza únicamente como último
recurso, después de buscar un arreglo colectivo y agotar todas las
alternativas junto con la ONU. En cambio, la OTAN ha apoyado a EE UU
desde 1954 y EEUU ha emprendido acciones e intervenciones de forma
unilateral en Vietnam y otros países sobre la base de su propia fuerza
económica y militar. De este modo, EE UU eludió muchas cuestiones de
procedimiento y de otro tipo con el apoyo de la OTAN. Richard Falk dijo
que el enfoque de EE UU de las negociaciones es que solo busca vencer en
la mesa de negociación cuando no lo puede conseguir en el campo de
batalla.

La cuestión crucial en la región indopacífica es el conflicto en
torno al mar del Sur de China. En este terreno, el Convenio de Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) ha sido ratificado por 168
países, pero EE UU se ha arrogado el derecho a revisar e interpretar
unilateralmente el UNCLOS. Y el grupo regional de la ASEAN encargado de
desarrollar un código de conducta con respecto a China no ha hecho
ningún progreso. Así, la OTAN respalda las ansias de poder, la primacía,
el predominio y la preeminencia de EE UU, básicamente la unipolaridad
en que el Indo-Pacífico es la clave.

La Asia contemporánea es diferente de la que estuvo dominada por las
fuerzas de EE UU hasta la década de 1970. La mayoría de países asiáticos
desean un mundo multipolar en el que puedan obtener apoyos y negociar.
Las políticas de contención, exclusión, difamación, seguidismo,
centralización y amenazas de EE UU y la OTAN no funcionarán en Asia, que
no desea la reversión del mundo multipolar. Los países asiáticos tienen
crisis internas, conocen un ascenso del nacionalismo xenófobo,
opresiones internas y regresión de la democracia que necesitan resolver
democráticamente. La militarización no ayudará en este proceso.

Por último, la sociedad civil y personas expertas en Asia se oponen a
la intervención de la OTAN siempre que tienen la libertad de
manifestarse. Pero la posición minimalista en Asia es la neutralidad,
que idealmente debería adherirse al Derecho internacional, aspirar a una
no alineación y adoptar las propuestas de seguridad común esbozadas por
personas expertas.

Anuradha Chenoy es profesora adjunta de la Universidad Global Jindal. Es experta reconocida en relaciones internacionales.

Fuente: https://www.thecitizen.in/index.php/en/NewsDetail/index/4/21907/NATO-Eyes-the-Indo-Pacific-Again-

Traducción: viento sur



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