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La reforma laboral del Gobierno transforma en fijo el 40% del empleo temporal en solo cuatro meses

Más del 40% del empleo temporal del tejido productivo español, dos de cada cinco puestos de trabajo eventuales, se han transformado en ocupaciones con contrato indefinido en los cuatro primeros meses de aplicación de la reforma laboral acordada a finales del año pasado por el Gobierno y los principales agentes sociales, CCOO, UGT, Cepyme y CEOE, según indican los datos de empleo, contratación y afiliación a la Seguridad Social que este miércoles han hecho públicos los ministerios de Trabajo y de Inclusión.

Entre enero y abril de este año se han formalizado 1,76 millones de contratos indefinidos, 1,21 de ellos iniciales mientras que los otros 556.140 han sido transformaciones de las contrataciones eventuales con las que se ocupaban otros tantos eventuales.

Estos últimos seguirán trabajando en las mismas empresas en las que ya lo hacían antes de que tuvieran lugar esas conversiones, lo que viene a confirmar unas sospechas sobre el elevado grado de fraude existente en la contratación temporal en España que la Inspección de Trabajo lleva años desgranando en sus actas de infracción y para las que el dato de los indefinidos de inicio sería una prueba incuestionable: 1,7 millones de puestos de trabajo estable estaban cubiertos por eventuales, a falta de que esa cifra pueda seguir aumentando en los próximos meses.

La entrada en vigor de la reforma estableció ya a finales de diciembre la obligación de justificar los motivos para poder efectuar una contratación eventual, algo que, en solo cuatro meses, ha provocado la transformación en indefinido de algo más del 40% de las ocupaciones temporales que se acumulaban en el tejido productivo español.

Según los datos de la EPA, el número de trabajadores que pasaban por un puesto de trabajo eventual al cabo del año osciló entre los 4,19 y los 4,37 millones entre 2017 y 2019 y regresó en 2021 a los 4,16 tras la desaparición de medio millón de ellos en el primer año de la pandemia, los efectos de cuya crisis se cebaron a una velocidad vertiginosa con el empleo más precario, al que no llegó a alcanzar la protección de los ERTE.

Los 1,76 millones de empleos indefinidos equivalen a un 42% de esa bolsa de trabajadores precarios, aunque en este caso las cifras de puestos y de empleados no coinciden, ya que una única ocupación ha sido tradicionalmente desempeñada por varios de ellos al cabo del año, de la misma manera que varias de esas personas pasaban por más de un puesto como consecuencia del troceo del empleo, entre otros fenómenos que mantenían a más de tres millones de personas en lo que se ha dado en llamar como el precariado.

Está por ver, en este sentido, los efectos que estos dos cambios de tendencia en la contratación, el de las transformaciones y el de los indefinidos iniciales, tienen en la tasa de temporalidad, que llevaba años en el entorno del 25% y que ahora se habría reducido en alrededor de diez puntos para pasar, en números redondos, de afectar a uno de cada cuatro asalariados a hacerlo a uno de cada seis.

Entre otros aspectos, queda por calibrar si esos procesos de estabilización del empleo provocan otros de cronificación del paro al cortocircuitar la constante circulación entre la ocupación y la falta de ella en la que subsistían más de tres millones de trabajadores.

En cualquier caso, los datos de Trabajo y de Inclusión, que sitúan la cifra de afiliados a la Seguridad Social por encima de los veinte millones y la de asalariados indefinidos por encima de los diez, también apuntan a la confirmación de otras convicciones de la Inspección como es el uso de los contratos de “obra y servicio” concretos y los de “circunstancias extraordinarias de la producción” como los principales focos de fraude: 206.836 de los primeros y 317.480 de los segundos suponen el 94% de los contratos transformados en estos cuatro meses.

Las transformaciones de contratos han tenido más beneficiarios masculinos que femeninos (305.183 por 250.976) y, aunque más de la mitad se han concentrado en la franja de edad de los 25 a los 45 años (315.138), su impacto ha sido considerable tanto entre los más jóvenes (87.763) como entre los mayores (153.258), lo que ayuda a hacerse una idea de las tasas de precariedad que se daban en esos grupos.

Por otro lado, la nueva contratación indefinida está provocando un aumento de la temporalidad, ya que más de la mitad de los contratos indefinidos, tanto iniciales como convertidos, se formalizan para cubrir jornadas parciales o se realizan bajo el formato del ‘fijo discontinuo’, en el que la ocupación no alcanza todo el año y en el que el número de horas no tiene por qué alcanzar las 40.

Concretamente, el 27,36% de los nuevos contratos fijos son para cubrir jornadas parciales, una tasa que de entrada ya supera la tasa que se daba en el mercado laboral español antes de la reforma y a la que se añade la carga de parcialidad que se derive del 23,68% de nuevos ‘fijos discontinuos’, la figura que los inspectores de trabajo temen que vaya a convertirse en el nuevo refugio de la precariedad.

Ni un registro ni otro incluyen las prolongaciones y los recortes de jornada que puedan darse tras la formalización de esos contratos, ni tampoco sobre las de otros trabajadores que ya fueran integrantes de las plantillas antes de entrar en vigor la reforma, por la vía de la modificación de las condiciones de trabajo.

“El número de contratos indefinidos se multiplicó por cuatro [en abril] en comparación con el mismo mes del año anterior”, estima Funcas, la fundación de las antiguas cajas de ahorro, cuyos expertos calculan que “el de temporales se redujo en un 37%” al tiempo que destacan “el incremento de los contratos fijos discontinuos, que alcanzaron la cifra de 238.760, frente a 17.391 el mismo mes del año anterior”. La progresión es de más de trece a uno.



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