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Las luchas obreras en la Asturias de 1906 – Rebelion

Así narró magistralmente las experiencias de su azarosa vida, recordada en otro artículo, en cuya juventud sufrió hospitales, cuarteles y cárceles, y tejió luego, como pocos han sabido hacerlo, historias que retratan el caciquismo institucional del régimen de la Restauración. La suya fue una existencia entregada al periodismo, la literatura y la política, y aunque en la última practicaba un reformismo dialogante, éste fue suficiente para costarle la vida cuando el golpe fascista de 1936 lo sorprendió de gobernador civil de Ávila.

El despertar del proletariado
asturiano

Los comienzos del siglo XX fueron
una época de agitación social en Asturias y el año 1906 es
recordado en especial debido a la conocida como “Huelgona”,
conflicto en que los trabajadores de la Fábrica de Mieres, un
complejo minero-siderúrgico en el valle del Caudal, se movilizaron
para mejorar sus condiciones laborales. El fracaso del intento dio
lugar a una cruel represión por parte de la empresa, con más de 700
despedidos a los que se impidió encontrar trabajo en otras factorías
controladas por ella.

Fue ésta una tragedia que tuvo
amplia repercusión en la prensa liberal e izquierdista, y para
informar de ella acudió Ciges a la villa de Mieres. Él era ya un
veterano periodista, embarcado en esos momento además en la
publicación de sus volúmenes de memorias y novelas como El
vicario
(1905). Tras
una estancia de varios meses en Asturias, interrumpida por amenazas
de muerte, en el verano de 1907 aparecen con su firma y el título
“Feudalismo industrial”, cuatro artículos en el diario madrileño
España Nueva,
dirigido por Rodrigo Soriano. Estos textos van a ser el germen de la
novela Los vencedores,
que ve la luz en1908 y Dyskolo
acaba de reeditar
.

En este volumen, primero de una
serie bautizada “Las luchas de nuestros días”, Ciges nos expone
la triste situación que observa en el valle del Caudal, al tiempo
que se emplea a fondo para retratar a los que manejaban el siniestro
tinglado, los mismos caciques que impidieron la distribución de la
obra en Asturias. Tras este libro, nuestro reportero siguió
auscultando sobre el terreno los conflictos obreros en la piel de
toro y poco después dedicó otro, Los
vencidos
(1910), a las
víctimas de la apisonadora capitalista con las que convivió en las
cuencas mineras de Riotinto y Almadén.

La novela como arma en las
luchas sociales

El autor describe con ánimo
realista y prosa poética sus experiencias en el verde valle, ámbito
de paz bucólica en el que desentonan los chirridos de las
locomotoras y el río negro. Poco a poco, en charlas por caleyas y
chigres en los que fluye generosa la sidra, se va informando de los
sucesos. La empresa tuvo una época de grandes ganancias, pero las
derrochó el dueño, establecido en Francia, con sus lujos y vicios,
mientras su esposa en Asturias ejercía un mando tiránico sobre la
compañía. En 1897, el ingeniero que había modernizado las
instalaciones, identificable como Jerónimo Ibrán, dimitió
escandalizado de la situación que se estaba creando. De esta forma,
cuando en 1906 los huelguistas presentaron sus reivindicaciones, las
finanzas de la entidad no andaban muy boyantes, lo que contribuyó al
desastre.

Derrotada la movilización, es
una junta nombrada por los propietarios y apodada “Gabinete Negro”
la que decide las readmisiones, recurriendo a los espionajes más
odiosos. Obligados a emigrar, los huelguistas son perseguidos
dondequiera que van por la saña de los vencedores, en cuyas manos
funcionarios y jueces son herramientas dóciles. Así, la
desesperación de los que ven a sus familias condenadas al hambre
alimenta el odio de clase y augura un futuro de guerra social. La
nueva vida que ha introducido el “progreso” en el universo
atávico de la aldea resulta ser al fin un infierno de explotación y
miseria impotente.

El Centro Obrero nació para
educar al pueblo, y realizó una gran labor, fomentando la lectura y
elevando la cultura de los proletarios. Tras la lucha, desierto y
embargado, se salva únicamente por la solidaridad de los obreros
madrileños. No sólo los socialistas, principales protagonistas de
la huelga, son hostigados, sino también los republicanos, que les
prestaron auxilio. En realidad, el ambiente de miedo a la delación y
sometimiento emponzoña todas las relaciones en la villa.

Ciges clama contra la injusticia
de una sociedad que sostiene a personajes obscenos en la opulencia,
mientras condena a muchedumbres a la pobreza. Aunque no se les
mencione por su nombre, reconocemos en la obra a Ernesto Guilhou,
presidente de la Fábrica de Mieres desde 1890 hasta su fallecimiento
en 1911, y a su consorte, la francesa Enriqueta Georgeault, que antes
de los esponsales había deleitado al público como bailarina
ecuestre. De él se desvelan las andanzas de sus antepasados,
cuajadas de episodios que no le debió resultar grato que se
airearan, lo que explica su boicot al libro.

No faltan en la novela tampoco
veladas alusiones a las tropelías y debilidades de otros caciques
fácilmente identificables, como el ultracatólico y todopoderoso
Alejandro Pidal y Mon, o su hijo Pedro, marqués de Villaviciosa y
yerno de Ernesto. Se refleja además el rol esencial en la trama de
los eclesiásticos, prestos siempre a apaciguar obreros y tronar
desde el púlpito contra cualquier amenaza al orden social. Su
influencia llega a todos los rincones, y según se nos cuenta,
negarse a ingresar en el Círculo Católico fue motivo suficiente
para la expulsión de un joven y talentoso empleado. El colegio de
segunda enseñanza fundado por republicanos y socialistas en la villa
pasó a ser regentado tras la huelga por unas monjas,

Ciges nos acerca con su relato a
la pesadilla que ha surgido entre la naturaleza verde y espléndida,
al lamento precavido de los derrotados y a su sumisión, alumbrada
por una esperanza que apenas toma forma. Nos presenta también en
detalle a los responsables de tanta miseria, losvencedores del título,
regidores de la farsa con el apoyo imprescindible de la Iglesia y las
fuerzas del orden. En la atmósfera opresiva se presiente lo
inevitable de un estallido.

La primera chispa de la
hoguera

Entre los represaliados por la
Huelgona, se encontraba el minero socialista Manuel Llaneza
(1879-1931), que en su destierro va a conocer las poderosas
organizaciones obreras del norte de Francia y a su regreso funda, en
1910, el Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA), esencial en
las grandes movilizaciones del proletariado en la región, como la
huelga revolucionaria de agosto de 1917 o la sublevación de octubre
de 1934.

La conflictividad social había
empezado ya en Asturias con la industrialización y el desarrollo de
la minería en el siglo XIX, pero atendiendo a la magnitud de la
represión que se empleó contra ella, no es descabellado afirmar que
la crisis de 1906 tuvo un papel crucial en la gestación de las
revoluciones del siglo XX en la región. Con Los
vencedores
, Manuel
Ciges Aparicio nos ofrece un inestimable y vívido retrato de algunos
protagonistas de la mítica Huelgona de aquel año y nos introduce en
un ambiente envenenado de privilegios e injusticia, preñado de todas
las convulsiones que siguieron.

Blog del autor:
http://www.jesusaller.com/.
En él puede
descargarse ya su último poemario: Los
libros muertos
.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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