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Lo que somos, la propuesta de un gran lector – Rebelion

Compartiendo una célebre preocupación vital de Goethe, el joven Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) escribía en un comentario crítico a la edición por J. M. Perrin de algunos escritos de Simone Weil [Attente de Dieu, París, 1950] (reseña originariamente publicada en Laye (Barcelona), 1951 (14), p. 69 y reeditada en Papeles de filosofía, Barcelona, Icaria, 1984, pp. 470-7): «Poco a poco va uno descubriendo que es más difícil saber leer que ser un genio».

Constantino Bértolo, el autor de ¿Quienes somos?, sabe leer, como muy pocos. Un breve apunte sobre él: nacido en Lugo en 1946, licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, Bértolo ha ejercido durante muchos como crítico literario en diversos medios. Ha sido director de la editorial Debate y del sello Caballo de Troya de Random House. En 2008, también Periférica, publicó La cena de los malditos.

Conviene explicar el origen de ¿Quiénes somos?, un «libro de encargo» que, más que una antología, el palabras del propio autor, «aspira a ser un ensayo sobre el entendimiento y el sentido de esa larga pregunta sobre lo que llamamos “literatura”». Semanas antes de su prematuro fallecimiento, Julián Rodríguez, director de Periférica, le propuso a Bértolo la selección a su criterio y comentario (breve, «no más de folio y medio o dos») de 55 libros de la literatura en castellano del siglo XX. Se excluía, en absoluto por desconsideración, la literatura latinoamericana y la escrita en otras lenguas españolas (Bértolo escribe, erróneamente en mi opinión, es un tópico de la izquierda española, «otras lenguas del Estado»). A efectos cronológicos, para la selección, se ha considerado el 2008, «el año de la crisis que se llevó por delante todo un horizonte de expectativas, como fecha final del siglo XX».

En la Introducción, Bértolo da cuenta algunas de sus consideraciones metaliterarias. Esta, por ejemplo: «la literatura es una de las herramientas que la sociedad utiliza para construir su identidad, un espejo semántico en el que mirarse y reconocerse: un mecanismo de autonarración, en definitiva. La literatura como espejo del transcurrir humano, de su ser, de su estar». Su criterio de selección ha valorado la relevancia de ciertos libros según su capacidad para intervenir directamente «no en la realidad histórica, sino en su relato, en la narración que subyace a modo de subjetividad colectiva en toda la comunidad». Los 55 libros seleccionados le parecen relevantes por «ser espejos de esa conversación dialéctica, cómplice o crítica, entre la literatura y la historia.» Su propósito ha sido ofrecer una «secuencia de la literatura en cuanto espejo proteico en continua evolución y transformación. En este sentido, entendemos que la literatura es espejo, pero a la vez es la historia de ese espejo, de los cambios técnicos que el propio espejo sufre a lo largo del camino.»

Bértolo ha procurado seguir algunas secuencias temáticas que, cronológicamente, esbozan un mapa de la literatura española del XX: España como problema, el mundo rural, proletariado y revolución, el feminismo, el poder de la Iglesia, la Guerra Civil y la posguerra, la resistencia antifranquista, Europa como destino, la cultura de la transición y el fin del espejismo, e intenta situar y comentar «cada obra seleccionada según su representatividad y significación en esta conversación dialéctica con la narración histórica».

La suya es una propuesta política, antisectaria y sin favoritismos a conocidos, «que no propone una lectura neutral ni de la historia ni de la literatura: está realizada desde un criterio que podrá ser compartido, debatido o rechazado». El antólogo no pretende dar ninguna lección moral ni política ni estética. Solo trata de mostrar que «para la memoria cultural colectiva hay otros recorridos literarios posibles que acaso hablan de otras metas e intereses».

Algunos de los títulos seleccionados (con más que probables descubrimientos para los lectores, el que suscribe incluido): La voluntad, Azorín; Aurora roja, Pío Baroja; Campos de Castilla, Antonio Machado; El metal de los muertos, Concha Espina; Segunda antología poética (1898-1918), Juan Ramón Jiménez; La deshumanización del arte, José Ortega y Gasset; San Manuel Bueno, mártir, Miguel de Unamuno; Tea Rooms. Mujeres obreras, Luisa Carnés; Días de lluvia, Juan Iturralde; Caza nocturna, Olvido García Valdés; La conquista del aire, Belén Gopegui; Memoria de un hombre perdido, Antonio Ferres.

Mis observaciones:

1. Uno de los grandes momentos de la selección: la presentación y comentario de Poeta en Nueva York. Otros dos: Filosofía y engaño de María Zambrano, y la vindicación de El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio.

2. Puede resultar extraña la no presencia de Miguel Hernández. A mis ojos lo es.

3. El autor incluye en la sección 19 figuras de mi historia civil, del ex senador real Carlos Barrral, y no, por ejemplo, Moralidades o Las personas del verbo de Jaime Gil de Biedma. Yo no hubiera obrado así.

4. Bértolo se decanta por Un día volveré de Juan Marsé; yo lo hubiera hecho por Si te dicen que caí.

5. Basándome en los criterios del propio autor, yo no hubiera incluido Herrumbrosas lanzas.

6. Se echa en falta a Miguel Casado.

En síntesis: ¿Quiénes somos? no es un libro que merezca pasar desapercibido. Enseña quienes somos, quienes hemos sido.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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