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México abraza al gas y desprecia la energía renovable – Rebelion

El cilindro de 20 kilogramos del hidrocarburo dura entre tres y
cuatro meses, lo que le permite ahorrar pues su precio ha aumentado los
últimos meses. El resto de la electricidad proviene de plantas
alimentadas con gas, en esencia metano que tiene 86 veces más capacidad
de absorber el calor que el dióxido de carbono en un lapso de 20 años,
de ahí su peligrosidad climática.

Activista ambiental y madre de un niño, Bracamontes vive en un barrio
de clase media, donde las demás familias enfrentan una situación
similar a la suya con el gas.

La suroriental península de Yucatán, habitada por 5,1 millones de
habitantes,  aporta casi 5 % del producto interno bruto (PIB) mexicano,
gracias a la agricultura, el turismo y los servicios.

Compuesta por los estados de Campeche, Quintana Roo y Yucatán, del
que Mérida es su capital, experimenta una paradoja energética, pues
recibe ingentes cantidades de sol y viento pero depende del gas para
satisfacer sus necesidades eléctricas.

Atada al gas

De forma silenciosa, ese carburante se expande por la península, una
región especialmente vulnerable a las sequías, tormentas intensas y
elevación del nivel del mar, fenómenos de la crisis climática que tiene
como una de sus grandes causas la quema de combustibles fósiles.

La península recibe el hidrocarburo por el gasoducto Mayakán,
con un tendido de 780 kilómetros y propiedad de la italiana Engie. El
gas se inyecta desde Ciudad Pemex, en el estado de Tabasco, colindante
al oeste de la península, y funciona desde 1999.

En 2020 entró además en operación la ampliación Cuxtal I,
con un tendido de 16 kilómetros, que este caso se conecta al Complejo
Procesador de Gas Cactus,  en el estado de Chiapas, al sur de la
península.

La estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE) compra el gas a la también estatal Petróleos Mexicanos
(Pemex), para entregarlo a sus termoeléctricas Lerma (Campeche),
Valladolid y Mérida II (Yucatán), así como a las plantas privadas de
ciclo combinado Mérida III y Valladolid III, que operan con gas y vapor.

“El gran problema es la dirección a la que se encamina el sector energético. No es lo que la transición necesita. La acción climática está llena de falsas soluciones, como tratar de combatir el cambio climático con gas”: Pablo Ramírez.

La península tiene una capacidad de generación de 2455 megavatios
(MW), de los cuales la termoelectricidad de ciclo combinado aporta
1463, el turbogás 368, la térmica convencional 314, la eólica 244, la
fotovoltaica 50, y la combustión interna 14, acorde con al Laboratorio
Nacional de Energía Renovable (NREL), del gobierno de Estados Unidos.

Según datos oficiales mexicanos, en tan solo en el estado de Yucatán operan cinco parques solares y eólicos. Pero comunidades opositoras a iniciativas renovables han logrado detener al menos otros seis proyectos de este tipo, debido a su impacto ambiental y falta de consulta indígena.

En diciembre, este estado era el sexto de los 32 mexicanos con
cantidad de contratos de instalación de paneles solares residenciales
menores a 0,5 MW, con 12 458, por un total de 89 MW. Quintana Roo tenía
3969 y 27 MW, mientras que Campeche era el estado con menor cantidad,
con1515 por 11 MW, según cifras de la oficial Comisión Reguladora de Energía.

El total nacional ascendió a 270 506 por 2031 MW.

En toda la península, la CFE requiere de unos 340 millones de pies
cúbicos (p3) diarios de gas para sus plantas en esta región, mientras
que la demanda total se sitúa en unos 500 millones, incluyendo 160
millones para industrias y comercios, según la Confederación de Cámaras
Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo.

Mapa
de la península de Yucatán, sobre el mar Caribe, en el sureste de
México, con el trazado del gasoducto de Mayakan, que lleva el gas
natural desde el estado de Tabasco a los tres estados de esa región, con
un tendido de 780 kilómetros. Foto: Sener

Contracorriente en los fósiles

Pablo Ramírez, especialista en Energía y Cambio Climático de la no gubernamental Greenpeace México, cuestionó ese despliegue del gas en Yucatán y en el resto de México.

“El gran problema es la dirección a la que se encamina el sector
energético. No es lo que la transición necesita. La acción climática
está llena de falsas soluciones, como tratar de combatir el cambio
climático con gas”, dijo a IPS desde Ciudad de México.

México ocupa el puesto 12 como productor de petróleo en el mundo y el
17 de gas. En cuanto a las reservas probadas ostenta el puesto 20 en
cuanto al crudo y el 41 en gas natural, pero su industria de
hidrocarburos declina por la escasez de depósitos de fácil extracción.

En febrero, la generación eléctrica se basó en 75 % en combustibles
fósiles, seguida por la eoloenergía (7,5 7%), la hidroeléctrica (7 %),
la fotovoltaica (4,94 %), la nucleoenergía (4,23 %), la geotermia (1,56
%) y la biomasa (0,07 %), según datos del no gubernamental Observatorio de la Transición Energética en México.

En declive

La producción de gas viene en bajada en la segunda economía latinoamericana, pues en febrero de 2020, según datos oficiales,  la extracción totalizó 4930 millones de p3 diarios, 12 meses después, 4838 millones, y en febrero pasado, 4673 millones.

Este déficit obliga a importar ese combustible, especialmente de su
vecino al norte, Estados Unidos, del que los últimos tres años, durante
cada febrero, incluido el último, se importó entre un máximo de 904,6
millones y un mínimo de 640 millones de p3.

Para su distribución por un territorio de casi dos millones de
kilómetros cuadrados, en este país de 131 millones de habitantes se ha
desplegado una red de gasoductos, con 27 tendidos estatales y privados. Además, la construcción de otros tres está detenida por oposición de las comunidades por donde deben pasar.

Las receptoras del gas son 50 plantas termoeléctricas, de ciclo
combinado y turbogas, tanto estatales como privadas. A ese lote se
sumarán otras seis en construcción de ciclo combinado, aquel en que
coexisten dos fuentes térmicas: gas y vapor.

Ese esquema exhibe cómo México se ha atado al gas, a pesar de sus
efectos climáticos, y las dificultades de abandonarlo a futuro, cuando
esa infraestructura tiene una vida útil de décadas. Además, plantea
interrogantes por el aumento de las cotizaciones internacionales de la
molécula, a causa de la invasión rusa a Ucrania.

El
uso de la energía fotovoltaica es aún limitado en la península de
Yucatán, aunque cuenta con alta radiación solar. En la imagen, un hotel
dotado de paneles solares en su techo, en la ciudad de Playa del Carmen,
en uno de los tres estados de la región suroriental mexicana, Quintana
Roo. Foto: Emilio Godoy / IPS

Freno a la transición

En México, la transición energética se paralizó desde 2019 debido a
la política del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien privilegia
los combustibles fósiles y las centrales hidroeléctricas, en detrimento
de las nuevas energías limpias.

En septiembre de 2021, López Obrador presentó una propuesta legal
para anular las reformas del segmento eléctrico de 2013 que lo abrieron
a la participación privada nacional y extranjera, para que el sector
público reasuma la dirección de la planificación estratégica del ramo.

Los cambios proyectados favorecen a la CFE y apuntalan al gas como fuente preeminente de electricidad.

A nivel nacional, la CFE adjudicó en enero de forma directa la
construcción de seis plantas de ciclo combinado que entrarían en
funcionamiento en 2024, para aportar un total de 4000 MW, con 3473
millones de dólares de inversión.

En el caso de la península de Yucatán, CFE necesitaría 200 millones
de p3 diarios de gas para dos nuevos ciclos combinados en Mérida y
Valladolid, con capacidad de 1519 MW, en consideración al proyectado
crecimiento anual de la demanda, de entre 3,2 % y 3,5 %.

Mientras, la península desperdicia los recursos renovables disponibles.

NREL, desde Estados Unidos, indica que Campeche posee un potencial
solar de 727 502 MW y eólico de 1599; Yucatán, 757820 y 6125,
respectivamente, y Quintana Roo, 168029 y 2035, en ese orden.

Para la península, ese laboratorio estadounidense de renovables sugirió la organización de subastas regionales de energía limpia basadas en zonas competitivas de energía renovable, la introducción de programas de eficiencia energética para edificaciones gubernamentales y pequeñas empresas, el diseño de mecanismos de adquisición de energía para edificios gubernamentales y fomentar el despliegue de energías renovables en territorios comunitarios.

Bracamontes, la ambientalista merideña y representante del movimiento juvenil mundial Fridays for Future México en Yucatán, criticó el desperdicio del potencial renovable.

“Hay muchas alternativas para aprovechar el sol y el viento y los
residuos sólidos, cuya generación el estado no ha solucionado. Dejamos a
un lado todo el potencial que tenemos. Debemos analizar qué nos
conviene más y lo que tenga menor impacto. Si seguimos casados con la
idea de que los fósiles son la única forma, estamos mal. El sol es
gratuito”, sostuvo.

La población local también se enfrenta a la inestabilidad del esquema
energético dominante, pues el barrio donde vive Bracamontes, en el
oeste de Mérida, sufrió tres cortos apagones en una semana.

Como otras ciudades en la península, Mérida registra además una
tarifa eléctrica alta, incluso con el subsidio público, y una generación
eléctrica inestable.

Para Ramírez, de Greenpeace, los ganadores de la contrarreforma eléctrica son Pemex y los empresarios gasíferos.

“Queda borrada la posibilidad de construir una transición a través de
fuentes renovables y de generación distribuida. Hablamos de un modelo
que tiene implicaciones serias a la salud, de contaminación de aire,
suelo y agua, de externalidades climáticas, que no están en la
ecuación”, consideró.

Fuente: https://ipsnoticias.net/2022/04/mexico-abraza-al-gas-y-desprecia-la-energia-renovable/



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