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Motril vive con pasión sus tres procesiones del Jueves Santo

Bajada de Pasión desde el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza / Paulino Martínez Moré

Pasión, Nazareno y Esperanza, y Buena Muerte fueron las tres cofradías protagonistas

Motril ya ha pasado el ecuador de su Semana Santa viviendo uno de los días con más calado en la ciudad, ya que son tres las cofradías que salen a la calle cada Jueves Santo. Por suerte, la capital de la Costa Tropical está viviendo estos días de pasión con todo el esplendor que merecen sus hermandades, con un cielo despejado que invita a disfrutar de las cofradías en la calle. La tarde empezó en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza con la salida del Maestro, cuya escena en la bajada del cerro dejó una impronta espectacular, de las que no se olvidan y que además suscitan el interés de cientos de motrileños que se agolpaban en la larga cuesta que hay para llegar al templo. Como novedad, este año la hermandad rediseñó el exorno floral del paso del Señor de Pasión simulando un calvario de roca.

La segunda cofradía de la tarde, la del Nazareno y la Esperanza, se dispuso a salir en una abarrotada calle Cañas, que parecía infinita entre una marea de verdes y morados capirotes que anunciaban que el Nazareno volvía a abrir el camino hacia la gloria. Y en esos instantes, que parecen pasar fugaces por delante, Motril volvió a ser como un niño asombrado ante la majestuosidad de un Señor que siempre camina de frente y con un izquierdo por delante. Fueron los tres toques de martillo de Rafael Fernández, Fali, la señal para que María Santísima de la Esperanza se dispusiera a repartir la fe con esa fiereza tan suya y con el arte de sus dos cuadrillas, femenina y masculina. Cuando comenzaron a sonar las primeras notas de la Asociación musical Mi Bemol de Ítrabo, y el paso de palio de la Esperanza empezó a mecerse delicadamente para cruzar el gran dintel de la casa de hermandad, se pudieron apreciar los nuevos varales de este paso de palio, el gran estreno junto a la nueva cruz arbórea de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

En la noche más noche, cuando el reloj marcaba la llegada de una nueva madrugada, el silencio y un golpe seco de tambor eran la única música que acompañaba al Santísimo Cristo de la Buena Muerte. La sagrada imagen fue escoltada durante todo su recorrido por una escuadra de Policías Locales, institución nombrada Hermana Honoraria desde hace más de treinta años. Seguro que Santiago Pastor, Oficial-Jefe de la Policía Local durante aquellos años en los que se forjó esta unión indestructible, no pudo controlar, desde el cielo, el pellizco del corazón al ver el saluda de la policía en la subida de la cruz. Después de dos años, Motril recuperó ese encuentro en soledad y penumbra con la última cofradía del Jueves Santo. Si Dios tuviera un rostro tendría el semblante humano de la Buena Muerte en todos sus sentidos. La veneración más sencilla, la más callada, la más humilde y paciente, tiene el nombre del Silencio. Un Dios que habita siempre en el altar mayor de la Iglesia de la Encarnación y al que Motril siente más suyo que nadie.

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