Politics

Narrar la paz cuando no hay espacio para ella

No es fácil salirse de la dicotomía de los dos bandos, del dúplex formado por imperialismos bélicos, el estrecho margen que deja lo concebido como el bien y el mal cuyos significados se tornan una frontera más allá. De todas formas, un amplio elenco de periodistas, activistas y políticos han intentado romper los esquemas del relato, la narrativa del conflicto ucraniano. Ante las visiones polarizadas y los análisis simplificados y siempre binarios, datos y contexto. Así se ha vivido la jornada Crónicas por la paz acaecida en el Ateneo La Maliciosa y propulsada por diferentes medios de comunicación como Público, El Salto, Viento Sur, Carne Cruda, CTXT y el espacio político de La Izquierda en el parlamento europeo.

Olga Rodríguez, periodista que cuenta con la cobertura de varios conflictos armados en su bagaje, ha moderado la primera de las mesas. En ella, varios informadores de distinta procedencia y experiencia han intentado desentrañar un conflicto armado repleto de complejidades y detalles milimétricos. Víctor García, enviado especial de RTVE a Ucrania, ya se encontraba en Kiev antes de que la ofensiva rusa comenzara: “No se notaba un clima prebélico, les pilló sin estar preparados, y a nosotros también. No conocíamos las fuentes para cubrir una guerra de esas dimensiones pero teníamos que responder preguntas como por dónde entrarían los rusos, hasta dónde llegarían o, simplemente, por qué lo hacían”, ha relatado.

Víctor García, enviado especial de RTVE a Ucrania, ya se encontraba en Kiev antes de que la ofensiva rusa comenzara

Desde su punto de vista, le parece notable la falta de observación del detalle, la visión precisa, en las informaciones que recorren el mundo sobre la invasión rusa. “Nos decían que los rusos habían destruido un edificio, pero no era cierto. Un misil había impactado en el medio. Bien, ¿de dónde viene ese misil? Porque disparar contra un edificio es un crimen de guerra. ¿Quién lo ha hecho realmente? ¿Y cómo vive la gente en las ciudades que están bajo dominio ruso?”, se preguntaba el periodista.

Sin poder contrastar con tus propios ojos

Ane Irazabal, corresponsal de ETB en Berlín y enviada especial a Ucrania también ha participado en la mesa. “Lo que más me chocó fue la dificultad para verificar las noticias. He cubierto las guerras de Gaza de 2012 y 2014 y aquello era una ratonera, pero bombardeaban y luego podías llegar al lugar de los hechos para comprobar qué había pasado, hablar con los familiares de las víctimas… Aquí no, aquí transmitíamos lo que llegaba por teletipos y lo que podríamos sentir en la capital, pero es muy limitado”, ha dicho al auditorio. También se ha referido a las formas de algunas prácticas periodísticas: “Parece una competición de hipérboles, a ver quién utiliza el titular más llamativo o salvaje a la hora de contar el último ataque”.

Soraya Constante fue la enviada especial a Polonia y Ucrania de El Salto. “Como lectora me hace falta mucho información desde Rusia, porque solo nos llega lo que cuentan los canales ucranianos. En realidad, la guerra allí se vive de otra forma, la gente vuelve a sus casas y en algunas ciudades no han dejado de ir a trabajar o abrir los comercios”, ha dicho. De la misma forma, la precariedad del oficio ha sido otra cuestión a tratar. En los propios términos de la reportera, “cuando gente desvinculada de redacciones seguimos insistiendo en cubrir estos acontecimientos, lo vemos casi como una misión. En estos contextos, el tema de la seguridad es una decisión personal, porque no tenemos seguros de vida e intentamos unir a grupos mejor financiados, tratando de seguir a otros colegas”.

Un vacío informativo que crea monstruos

Zugasti ha hecho referencia al futuro al mencionar el destino del armamento que países como España se afanan en hacer llegar a Ucrania

Colaboradora de El Salto y CTXT, Irene Zugasti lleva cubriendo el conflicto desde que estalló en 2014. “Cuando estás allí desmitificas la guerra. Es triste, aburrida, fea, no era heroica, es patética en todos los sentidos. Las historias cotidianas te revelan muchos grises que nunca se cuentan”, ha expresado. Cuando la nueva realidad se estableció en la zona del Dombás, muchos periodistas volvieron a sus redacciones. Ella no: “En esos años no había medios occidentales cubriendo el conflicto, y ese vacío informativo ha generado monstruos”. Asimismo, Zugasti también ha hecho referencia al futuro al mencionar el destino del armamento que países como España se afanan en hacer llegar a Ucrania: “¿Quién va a controlar esas armas circulando por todo el mundo y que ya tienen en sus manos mercenarios a los que se les aplaude el haber ido a matar?”.

Andreu Coll, de Viento Sur, es historiador de profesión. Él es quien ha dado algunas claves sobre la idea de Putin: “Partía de un juicio equivocado, tanto en términos de no entender la sociedad ucraniana como a la hora de juzgar lo dividida que estaba Europa, con una OTAN en crisis y los americanos preocupados por su retirada de Afganistán“, según su relato. Además, ha comentado la necesidad de que la solidaridad “se haga con los ojos abiertos, y no de forma tan polarizada entre gente que ve un imperialismo invasor pero no el contrario. También ha agregado que “Ucrania es el único lugar de Europa, desde la Segunda Guerra Mundial, donde la extrema derecha está tan fuertemente armada”.

Europa se rearma

Miguel Urbán, eurodiputado de Anticapitalistas, ha afirmado que “no hay espacio para los relatos de paz en la propaganda de guerra, ni de un lado ni de otro”

La segunda mesa ha estado comandada por Pablo Elorduy, periodista de El Salto. Él ha sido quien ha puesto voz a un texto enviado por los amigos y amigas de Pablo González, el periodista español detenido en Polonia y acusado de ser un espía ruso. Aquí, los intervinientes, han seguido la estela de intentar cortocircuitar el lenguaje de la guerra para abrir caminos de paz, como ha dicho el propio moderador.

Miguel Urbán, eurodiputado de Anticapitalistas, ha afirmado que “no hay espacio para los relatos de paz en la propaganda de guerra, ni de un lado ni de otro”. Dicha aseveración la ha ejemplificado en acciones desarrolladas por parte de la UE, “instituciones que supuestamente se construyeron con el objetivo de la paz, pero cuya arquitectura se orienta hacia la guerra”. Asimismo, ha señalado lo desapercibido que ha pasado el aumento del 2% en la UE para inversión en defensa y seguridad, “porque ahí siempre es inversión, no como educación y sanidad, que son un gasto”, ha puntualizado.

Al político le preocupa, no tanto que el proyecto europeo sea el militarismo, ya que considera que siempre ha sido así, sino que nunca había existido una coartada y apoyo popular como el de ahora para que eso fuera posible. “La primera actividad del mecanismo para la paz de la UE ha sido enviar armas para Ucrania. Hay mucha izquierda miope culpable de apoyar lo que estamos viendo, y la integración de Suecia y Finlandia en la OTAN es un aviso de lo que está por venir”, ha explicitado.

La Asamblea Antimilitarista de Madrid ha estado representada por parte de Eva Aneiros, quien ha advertido que a finales de junio “Madrid estará tomada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y la Ley Mordaza en su máximo apogeo”, en referencia a la cumbre de la OTAN que se celebrará en la capital. Consciente del pasado pacifista del pueblo español, cuyo movimiento de insumisión consiguió eliminar el servicio militar obligatorio y las manifestaciones en contra de la invasión de Iraq fueron multitudinarias, el presente no parece ser demasiado similar. “Quizá deberíamos hablar de dónde se está gestando la siguiente guerra, porque cuando estalle será tarde”, ha recalcado.

Feminismo antibélico

La periodista Nuria Alabao, miembro de Feministas contra la guerra, ha agregado que “la guerra pide un cierre de filas brutal”, y considera que “hay un clima político nacionalista de reacción que termina impregnando tanto los lenguajes periodísticos como la propia política”. Así lo ha aterrizado: “Este conflicto es el lenguaje de la extrema derecha. Es como si Europa fuera una nación de repente y la crisis de identidad se hubiera solucionado con un enemigo común, que es Rusia”.

“La guerra es una estrategia del capitalismo para seguir garantizarse el control de los territorios”, ha afirmado Erika González

Desde el colectivo del que forma parte han preparado un manifiesto que ya supera las 2.500 firmas y en el que, más allá de aportar su perspectiva feminista que no parte de una visión esencialista de la mujer y rechazar “el relato securitario que refuerza las lógicas autoritarias”, proponen herramientas de paz concretas. La primera pasa por la condonación de la deuda externa ucraniana, un acto que redundaría directamente en el bienestar de sus habitantes, y la segunda en crear lazos transnacionales y feministas con compañeras de Rusia y Ucrania para así romper con esa lógica de frentes.

Por parte del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) ha participado Erika González. Así de clara se ha mostrado: “La guerra es una estrategia del capitalismo para seguir garantizarse el control de los territorios, recursos y explotación de las personas que necesita para la acumulación de riqueza”. De esta forma, el llamamiento pacifista pasa por ser, ineluctablemente, anticapitalista. “Las guerras amplían las fronteras extractivas, lo que generan muchos más conflictos”, ha incidido.

La guerra de las fronteras

La reconocida defensora de Derechos Humanos Helena Maleno se ha parado a hablar de las imágenes que relatan la guerra en Ucrania: “Veo que es una guerra romántica, no es nada monstruoso, y eso me llama la atención. En las fronteras, otra zona de conflicto, porque en las fronteras de los estados europeos hay una guerra pero solo con víctimas de un lado, cuando se las fotografía son horrorosas, terribles”.

Asimismo, Maleno también se ha referido a la cuestión de la aparición de redes de explotación con diferentes fines, como la trata de seres humanos. “Yo sigo pensando en esas cifras que se daban durante el conflicto sirio de los niños que habían llegado a estados europeos y no se sabía qué había pasado con ellos. Hay una serie de captadores que aprovechan el conflicto para hacerse con niños, niñas, niñes y adolescentes con fines de explotación sexual”, ha desarrollado. “Pero no solo se da la trata con fines de explotación sexual. En el Estado español hay multitud de personas que son víctimas de redes de trata con fines de explotación laboral, como pasa en Huelva, Níjar o las mujeres que se dedican al sector de los cuidados”, ha concluido.



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