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Petro, el hombre rebelde que quiere hacer de Colombia una potencia mundial de la vida

El día amaneció gris y lluvioso en Bogotá. Aun así, Mauricio Quintero presagiaba una gran jornada. Se levantó muy temprano como siempre, se puso la ropa de domingo, preparó su tinto (café) y se fue a votar apenas abrieron su colegio electoral a las ocho de la mañana. Lo hizo por el candidato Gustavo Petro, el candidato de la Alianza de izquierdas del Pacto Histórico. No se esconde. “A quien más si no. Ya estamos cansados de los politiqueros, de la corrupción y de violencia. Él va a mejorar la vida de la gente que siempre ha estado más jodida, el acceso a la salud, a la educación”.

Petro también se debió levantar temprano. A primera hora de la mañana había publicado una carta abierta a todos los colombianos y colombianas. “Hoy confío en mi pueblo. Es hora de la confianza, de la convivencia y de la voluntad de cambio. Creo en Colombia, la sueño pacífica, hermosa, justa, llena de trabajo y conocimiento. Creo que es hora de hacer realidad los sueños. De ustedes. Gustavo Petro”.

Dos horas y media después de Mauricio, el candidato de la izquierda votaba en La Asunción, un barrio popular del sur de la capital, abriéndose paso entre decenas de periodistas y cientos de vecinos y vecinas que coreaban “se nota, se siente, Petro presidente”. Entre la multitud, tres jóvenes ecuatorianos que dicen vinieron expresamente desde Ecuador a vivir un momento histórico para Colombia y para toda Latinoamérica. “Queríamos vivirlo de primera mano. Será la primera vez que la izquierda gobierne Colombia y nos parece importante porque va a ser un antes y un después para Latinoamérica si Petro gana. Será un punto de partida para un nuevo progresismo latinoamericano que afrontará en serio el tema medioambiental”, dice Paul Benítet, uno de ellos.

Cuarenta minutos después de votar Petro, los muchachos ecuatorianos no podían estar más felices. Habían conseguido que el candidato se parara ante ellos y les firmara el libro que traían: Gustavo Petro, una vida, muchas vidas, su autobiografía.

Gustavo Petro nació hace 62 años en Ciénaga de Oro, una pequeña población del Caribe colombiano. Él siempre hace alusión a sus orígenes, aunque parte de su vida la haya pasado en Bogotá. Era buen estudiante. Estudió en un colegio bien de Zipaquirá, una localidad cercana a Bogotá donde también había estudiado en su tiempo el escritor Gabriel García Márquez. Petro no es de origen humilde, tampoco de clase acomodada, pero su conciencia de clase la adquirió muy joven porque aunque nunca había pasado estrecheces sí sabía que había millones de colombianos que sí las pasaban.

Su vida ha estado ligada a la política desde su juventud, primero con la militancia en la extinta guerrilla del M-19 y después por su labor en el Congreso y en el Senado. Su pertenencia a este grupo subversivo ha sido la parte donde más han intentado hurgar sus adversarios recordando que fue este movimiento guerrillero el responsable de la toma del Palacio de Justicia en 1985. Pero él era solo un joven militante de 25 años que ese día estaba siendo torturado en una comisaría policial y nunca tomó parte en acciones armadas

Su trabajo en el Congreso, su intenso trabajo como senador y su capacidad de oratoria lo convirtieron en un referente para la izquierda, que reconoció en él ser una figura implacable contra la corrupción gracias a sus sus investigaciones sobre el paramilitarismo y sus vínculos con la política, especialmente durante el gobierno de Álvaro Uribe.

Petro se lanzó a la Presidencia sin conseguirla por primera vez en 2010. Después, se presentó a la alcaldía de Bogotá, el segundo puesto político más importante del país. No era favorito, pero ganó. Su mandato fue muy controvertido. Mejoró el acceso a la educación pública y redujo la pobreza, pero sus rivales lo acusan de no completar la mayoría de los proyectos mientras sus defensores aseguran que no lo dejaron gobernar. Durante su etapa incluso fue destituido por la Procuraduría cuando intentó cambiar el esquema de recolección de basuras. Un caso que el entonces alcalde llevó hasta la Justicia internacional, donde finalmente ganó y fue restituido en su cargo.

Su poder en Bogotá quedó patente gracias al apoyo que recibió durante esos años, algo que le hizo lanzarse a la Presidencia bajo el proyecto de la Colombia Humana en 2018. En las elecciones de 2018 Gustavo Petro logró la hazaña de pasar a segunda vuelta contra el candidato del Centro Democrático, Iván Duque. La contienda política finalmente se decantó por la opción derechista.

Hoy lo volvió a intentar. Consiguió ocho millones y medio de votos, un resultado extraordinario que no le alcanza para conseguir el objetivo de ser presidente, al menos en primera vuelta, para hacer de Colombia una potencia mundial de la vida que entierre para siempre la violencia. Termino el día y Mauricio tiene un sentimiento agridulce. Está feliz porque Petro ganó las elecciones, pero preocupado porque habrá segunda vuelta y la suma de los dos candidatos de la derecha con casi nueve millones de votos iguala prácticamente a la de candidatura del Pacto Histórico que lidera Petro.



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