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¿Por qué los políticos y la prensa francesa silencian los robos de la final de la Champions?

El día que comenzaba oficialmente la campaña electoral para las legislativas del 12 y 19 de junio era difícil esperar que el gobierno de Emmanuel Macron centrara el foco sobre los delincuentes locales que aterrorizaron a los aficionados españoles e ingleses en Saint Denis, un barrio que para muchos franceses no es Francia, sino parte del Magreb y del resto de África.

Para Emmanuel Macron es, sin embargo, “la California de Francia” donde la juventud, en su gran mayoría descendiente de inmigrantes (150 nacionalidades distintas) está llamada a emprender y convertir al barrio en un Silicon Valley parisino. Hoy, un feudo electoral de la extrema izquierda liderada por Jean-Luc Melenchón, principal rival del partido macronista, “Renacimiento”, en la cita con las urnas dentro de dos semanas.

“Estigmatizar” a los jóvenes del barrio no entra en los cálculos del presidente, una juventud cuyos “influencers”, por cierto, prefieren blandir las banderas de Argelia o Marruecos y repetir como leit motiv, “on encule la France”, a ritmo de rap.  Macron necesita una mayoría de los 577 diputados para no estar obligado a nombrar primer ministro a Melenchón, que en esos “territorios perdidos por la República” es el favorito en los sondeos.

Saint Denis, capital del departamento de Seine -Saint Denis, es un ejemplo de lo que el ensayista Renaud Camus, define como “Le Grand Remplacement”, es decir, la sustitución de población francesa por inmigrantes africanos. Ese concepto le ha valido a Camus ser considerado por los gendarmes del pensamiento poco menos que como un intelectual nazi, pero Melenchón, que puede ser radical pero no estúpido, ha reemplazado ese término por el de “creolización” (de criollo), que viene a significar lo mismo, pero en lenguaje políticamente correcto.

El caudillo de la “Nueva Unión Popular, Ecológica y Social” (NUPES) que dice tener tener posibilidades de alcanzar el palacio de Matignon y dirigir un gobierno en cohabitación con Macron, ha conseguido frenar el abstencionismo en los barrios “difíciles” y acercar a parte de ese electorado a las urnas; no precisamente a las jaurías que actuaron el sábado, pero sí a miembros de las mismas comunidades, que siempre se sentirán solidarios con sus familiares, aunque sean delincuentes.

Macron siempre ha mantenido una actitud ambigua sobre la relación entre inmigración y delincuencia, algo que las estadísticas oficiales demuestran a pesar de que se intentan ocultar. Siempre ha sido cauto en abordar el aumento de la inseguridad en las calles durante sus primeros años cinco años de mandato y no va a ser ahora, a pocos días de la primera vuelta electoral, cuando vaya a pisar el charco de ese controvertido asunto, en plena competencia con Melenchón.

Por eso, el ministro francés del interior, Gérald Darmanin, hizo gala de una habilidad “benzemiana” para lanzar balones fuera y exonerar a la Policía francesa y a la Prefectura de París del desastre. Abordó superficialmente los ataques, robos y vejaciones sufridas por los aficionados españoles e ingleses a manos de la conocida como “racaille” (escoria) local, las bandas de delincuentes que habitan en la zona de Saint Denis, una de las más criminógenas de Francia. La Prefectura de París se vio obligada a hablar de “grupos de 300 o 400 jóvenes”, sin más calificativos.

La Policía sí filtró, antes, información -sin confirmar oficialmente – sobre las personas que continuaban ayer en detención provisional en Saint Denis: ningún español, un inglés, ocho argelinos, dos tunecinos, dos marroquíes y siete franceses “con apellido magrebí o africano“. Darmanin celebrará con las autoridades policiales el próximo miércoles una reunión específica sobre los hechos delictivos contra los visitantes antes de la aglomeración a las puertas del Stade de France.

Una crisis diplomática con Londres es para Macron preferible a atacar de frente el problema de Saint Denis”

El Gobierno “culpa” a Inglaterra

La culpa fue de los ingleses. Así se podría resumir la interpretación del Gobierno francés sobre los incidentes de la final de la “Champions”. Para el ministro francés del Interior, el núcleo del problema fue el “fraude industrial masivo” de las entradas en posesión de los hinchas del Liverpool.

Darmanin, acompañado de la nueva ministra de Deportes, Amélie Oudéa Castéra, manifestó que fueron los responsables del club inglés los que pidieron entradas en papel y no en forma digital, lo que provocó el timo, sin aclarar dónde y quién fabricó las 40.000 copias falsas. ¿Se imaginan a 40.000 ingleses con entradas falsas, además de los miles con billetes verdaderos? Argumentos que no se tienen en pie y que provocan la burla de muchos franceses en las rede sociales.

Para el Gobierno de Macron lo más importante, aparte del interés electoralista, es centrarse en calmar a sus ciudadanos y prometer medidas para prevenir lo que se les puede venir encima en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2024, y el Mundial de Rugby del año que viene. La prensa francesa en general también se concentra en esas fechas, si bien resaltan la vergüenza y la mala imagen que los hechos han dibujado del país en la escena internacional.

Solo los medios considerados de derecha insisten en resaltar el peligro de los delincuentes para los visitantes extranjeros, un fenómeno que el sábado los teléfonos móviles que se salvaron del robo pudieron ilustrar en un barrio que es el ejemplo más conocido en Francia de la  ausencia de la autoridad del Estado en muchas zonas del país.

Los medios de comunicación prefieren culpar, como el Gobierno de Macron, antes a los ingleses que a los delincuentes de Saint Denis. Las ventas les van en ello y, además, atizar al enemigo histórico del otro lado del Canal de la Mancha vende más que hacer que renunciar al silencio políticamente correcto. Salvo ‘Le Figaro’ o el izquierdista ‘Libération’, pro-Melenchón y pro-NUPES, el resto de la prensa escrita y los medios audiovisuales prefieren apoyar a Emmanuel Macron, como ya hicieran en las presidenciales. Una crisis diplomática con Londres es para Macron preferible a atacar de frente el problema de Saint Denis. 

Aficionados del Liverpool, además de denunciar las agresiones, insisten sobre la falta de organización en la entrada del estadio. Y en ese punto contradicen al ministro Darmanin, pues afirman que todo el mundo pasaba las puertas sin que los billetes fueran controlados con atención. Inglaterra y el Liverpool piden una investigación exhaustiva, con lo que la guerra político-deportivo-informativa está asegurada y servirá de pantalla a Macron para obviar otros asuntos más nocivos en plena campaña de seducción electoral.

La “Pérfida Albión” es pues, oficialmente, para el Gobierno de París la única responsable del desastre de Saint Denis y, para recalcarlo, el responsable de Interior insistió en hablar de “hooligans” y repetir que con las entradas de los españoles no hubo ningún problema.

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