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«¿Puedo saludar?» | Ideal

«¿Puedo saludar?»

Penélope y Bardem se dejan llevar por la emoción en una alfombra roja marcada por el reencuentro

Había ganas. «Ganas de gala, ganas de vestido, ganas de fiesta», decía Goya Toledo, de ‘blanco puro’ firmado por Elie Saab. «¡Qué ganas de reencontrarnos!». Fue la frase más repetida en el improvisado guion de la alfombra roja de ayer, de 58 metros de largo. Era el regreso a una gala cien por cien presencial tras la edición del año pasado, virtual, telemática y sin apenas contacto por culpa de la pandemia, y se recuperaban aquellos abrazos, más que rotos, interrumpidos. El entusiasmo se palpaba a la llegada de los candidatos e invitados, que nunca se habían hecho tantos selfis con sus fans. Cómo sería la temperatura emocional, que incluso alguien tan celoso de su intimidad como Javier Bardem se dejó llevar y saludó a sus hijos… «Mis niños están mirando. ¡Hola, cariños!». Poco después Penélope Cruz aprovechaba también el directo de RTVE para exclamar: «Les mando un beso a mi hijo y a mi hija». Que dos oscarizados y en vías de ‘reoscarizarse’ cayeran en el «¿Puedo saludar?» típico de los debutantes, daba cuenta del caldeado ambiente que se respiraba ayer a las puertas del palau de Les Arts de Valencia.

En su entrada triunfal, Bardem pisó el vestido de una presentadora de TVE, que lo consideró «todo un honor». «A mí también me encantaría que Bardem me pisara el vestido», remató Nieves Álvarez, ataviada con uno de los trajes de noche más impactantes e indescriptibles de la velada y luciendo un tremendo anillo de diamantes que perteneció a Liz Taylor. El estilo más repetido fue el vestido ‘Gilda’: negro y ceñido. Pero hubo gloriosas excepciones, como el de Penélope Cruz, blanco con aplicaciones bordadas y falda de vuelo firmado por Chanel. O el de Cate Blanchett, una elegante fantasía de Armani elaborada en pedrería plateada y con escote invertido. Las extravagancias más divertidas recayeron en los de siempre: Macarena Gómez y su marido, Aldo Comas, con vistosos atuendos en homenaje a la tristemente desaparecida Verónica Forqué, «porque ella era luz», Eduardo Casanova, con un original esmoquin palabra de honor cuajado de lazos rosas, y Paco León, todo de negro, pero con unas mangas de marabú, que pedían a gritos unas maracas.

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