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Sánchez y la bolita

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Existe una variante menos conocida del trile que sólo unos pocos elegidos pueden ejecutar con éxito: el trile extremo. En esa variante el trilero muestra los tres vasos pero no hay bolita. El gancho juega, elige un vaso y está vacío; aun así, levanta los brazos mientras el trilero le da la enhorabuena. El pardillo pica, porque está en su naturaleza, y decide jugar. Elige un vaso, no hay nada, pierde su dinero. La genialidad del trilero extremo no está en el engaño desnudo, sino en el hecho de que el pardillo se va a casa creyendo que no había engaño, que podría haber ganado. Mañana volverá a picar.

El doctor Sánchez es un genio en lo suyo, pero lo realmente suyo no es la mentira constante ni la trampa perpetua, habilidades mucho más vulgares, sino la capacidad de hacer creer al pardillo que a pesar de no haber bolita no le está estafando. Ni siquiera le hace falta mostrar que en teoría es posible ganar; muestra los vasos, no hay nada y da lo mismo. Porque él no engaña, sus palabras transforman la realidad y la ausencia de bolita no significa necesariamente que no haya bolita. 

Cumplimos.

Los datos de Eurostat confirman que la factura eléctrica de los hogares españoles en 2021 fue similar a la de 2018, descontando la inflación.

Lo anterior es un mensaje de Pedro Sánchez citando una noticia de El País. El titular en el periódico es prácticamente idéntico al mensaje presidencial: Eurostat certifica que Sánchez cumplió con la promesa de que la factura de la luz de 2021 fuera “similar” a la de 2018. El “Eurostat certifica” y las comillas revelan el auténtico código deontológico del periódico, y son extremadamente útiles cuando lo que se pretende no es escudriñar y exponer los mensajes propagandísticos del Gobierno, sino redondearlos; el trilero puede prescindir de la bolita, pero no del gancho.

La factura de la luz en 2021 fue más alta, no similar. Pero da igual. Cumplieron la promesa -lo certifica El País– y presumen de ello

Sánchez no usa las comillas porque aquí las palabras sí son suyas -Voir M. Granovetter-, pero cierra el mensaje con la marca de la casa: la factura de 2021 fue similar a la de 2018 “descontando la inflación”. O sea, que la factura en 2021 fue más alta, no similar. Pero da igual. Cumplieron la promesa -lo certifica El País– y presumen. El pardillo se va a casa convencido y contento: “Claro, si descuento lo que he pagado de más la verdad es que he pagado lo mismo”.

La lógica es aplastante, y se observa en todos los grandes hitos del Gobierno.

– Descontando la inconstitucionalidad, las restricciones de derechos fundamentales durante la pandemia fueron impecables. 

– ¿El comité de expertos que asesoraba al Gobierno para gestionar la desescalada sin arbitrariedad? Existió, claro; descontando que no fue real.  

– Su compromiso con la transparencia es ejemplar, si no tenemos en cuenta el uso constante de la ley de secretos oficiales.

– Los impuestos son para sanidad y educación, descontando todo lo demás.

– La reforma educativa es un éxito, los chavales repiten menos que nunca; sólo ha hecho falta implantar el aprobado general.

RTVE es la única garantía de una información libre y neutral, si no tenemos en cuenta la manipulación.

– La fiscal general del Estado es independiente, según la última encuesta del CIS. El CIS es una institución neutral, según estudio de la Fundación Sistema. 

– ¿El cuchillo que el PSOE usó para la foto de Reyes Maroto en la campaña electoral? Un ataque del fascismo organizado, descontando la enfermedad mental.

Sánchez es hoy el gran maestro, pero el trile extremo no es algo nuevo.  Bildu es un partido normal y la Korrika una fiesta por el euskera, descontadas las fotos de etarras.

– El procés fue un ejemplo de civismo democrático, salvo en lo del golpe de Estado.

– El comunismo no tiene nada que ver con el nazismo, si omitimos el terror y la vocación totalitaria.

– Rusia sólo está de maniobras, descontando la invasión.

– El Moskva no se hundió, descontando la inmersión.

– El cielo está despejado, descontando el nubarrón.

Ninguna afirmación es falsa, ninguna promesa se incumple si se hacen bien las cuentas; basta con descontar la realidad cuando molesta.

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