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Semana Santa en Granada: Calor humano para las cinco cofradías del Viernes Santo

Se estrenaba este Viernes Santo una nueva disposición de las cofradías pasando la de los Escolapios, del Cristo de la Expiración, a abrir la jornada, pedir la primera venia en la calle Ángel Ganivet a las siete y cuarto de la tarde para iniciar las estaciones penitenciales. Un día en el que procedente de las inmediaciones del río Genil había salido a las cinco y media de la tarde con el Crucificado de Sánchez Mesa hundido en el calvario de roca y flores silvestres. Se estrenó a esa hora en la calle la nueva banda del Cristo de la Expiración, dirigida por Alejandro Pérez pero primero sonaba la marcha «Filius Dei» de la banda de Armilla que acompañaba al paso de palio. En un respetuoso silencio se siguió esta maniobra y comenzó después a sonar la música de tambores y cornetas con «Cristo del Amor» y «La Expiración». La Virgen del Mayor Dolor estrenaba la restauración de la orfebrería del paso de palio, trabajo realizado en taller de HIjos de Manuel de los Ríos, de Sevilla, y el de Cristo las cartelas de las que mostramos en esta cuaresma pasada salida del trabajo de Miguel Zúñiga, escultor; Ángel Moliné; fundidor y Manuel Martín Álvarez, orfebre, con pasajes de la vida de San José de Calasanz.

Caminaba la cofradía por la basílica de la Patrona de Granada a las seis y media cuando por plaza de Isabel la Católica ya buscaba la Carrera Oficial la hermandad de los Ferroviarios. Una cofradía que ha debido recomponerse en las últimas semanas tras la designación de una comisión gestora para su gobierno y que estrenaba como capataz general a Miguel Ángel Roldán. Había partido a las cuatro y media desde su sede de la parroquia de San Juan de Letrán. Allí, junto a la Avenida de la Constitución estaba la banda de cornetas y tambores de Jesús Despojado de sus Vestiduras para acompañar al paso de misterio y el de palio llevaba tras el manto de la Virgen del Amor y del Trabajo a la banda de música de Los Ángeles.

La Virgen de la Misericordia a su paso por Pasiegas /

Fermín Rodríguez

En el Realejo sonaba la música de la agrupación «La Pasión», de Linares, tras el de Cristo que se presentaba con su clavel rojo, conocido como «sangre de toro» en su tonalidad, mientras que el de palio era principalmente el clavel blanco. Un largo cortejo que bajó por la Cuesta de San Cecilio hasta el Campo del Príncipe para entrar en Carrera Oficial por la calle San Matías y pedir venia a las ocho menos cuarto. Por donde iba pasando el cortejo cada vez se hacía más mayoritaria la afluencia de granadinos que caminaban cercanos al Crucificado de los Favores. Detrás, su Madre de la Misericordia llevaba por acompañamiento musical la banda de la hermandad de la Victoria, de Sevilla, conocida por «Las Cigarreras».

Final del Viernes Santo

Las dos cofradías del Viernes Santo granadino que cierran la «Noche de las Soledades» eran aquellas que tienen esta advocación mariana para sus Titulares marianas. La del Santo Sepulcro, con su carácter oficial, salió de San Gil y Santa Ana, con hermanos de negro riguroso en sus túnicas, sin capa por vez primera, y con el acompañamiento de una capilla musical delante de la urna de Cristo Yacente. Salía por vez primera esta imagen de finales del XVII o comienzos del XVIII tras su restauración realizada en 2020 y detrás la talla de la Soledad en el Calvario, realizada por José de Mora en 1671. El primer paso marchaba a las órdenes de Faustino Ruiz y el de la Virgen por Raúl López. Tras este iba la banda municipal de Música de Granada, por el carácter oficial de la corporación.

En el año en el que se espera el acto de reconocimiento de Coronación Canónica para la Virgen de la Soledad, del monasterio de San Jerónimo, la Madre del Viernes Santo salió con corona de plata, sin ráfaga, detrás de su Hijo del Descendimiento. Miguel Leyva era el capataz de las andas procesionales que portan costaleros cubiertos con túnicas negras. La capilla «Cristo de las Paz» ponía música lúgubre al momento del traslado al sepulcro de la imagen del Señor, obra atribuida a Pedro de Mena. Con anterioridad se había producido el acto de liberación de una presa, siguiendo la costumbre de 1928, en el altar mayor del templo jerónimo.

La Virgen de la Soledad llevaba por acompañamiento la banda de música «San Sebastián», de Padul, y marchaba a las órdenes de Laura Coca, portada por sus costaleras.

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