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Soledad, desilusión y precariedad milenial en la última película de Audiard

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La generación Y, más conocida como generación millennial, ha generado multitud de ensayos, novelas y películas que retratan las formas de comunicación vinculadas a las red, la soledad, la precariedad económica, social y afectiva y las nuevas formas de entender la sexualidad. Uno de los últimos creadores que ha caído rendido al contexto tan desolador como esperanzador de quienes han nacido entre 1980 y mediados de los 2000 es Jacques Audiard, uno de los cineastas más relevantes del panorama cinematográfico europeo.

El director abandona su zona de confort en París, distrito 13 para explorar una generación alejada de su universo y demostrar con precisión que los impulsos, las necesidades y las pasiones humanas se mantienen intactos a lo largo de los tiempos. Además, acostumbrado a un universo de testosterona y violencia en sus relatos, como las brillantes Un profeta (2009) o Los hermanos Sisters (2018), y con excepciones como De óxido y hueso (2012), se abre como un debutante a la intimidad femenina de mano de las guionistas Céline Sciamma -directora de Petite maman– y Léa Mysius.

En la acción de esta película participan cuatro personajes: Émilie, Camille, Nora y Amber. Tres chicas y un chico que rondan la treintena y son amantes, amigos o las dos cosas. El contexto social es conocido por todos: falta de referentes, inseguridad sentimental, inestabilidad laboral e incomunicación. En palabras de una de las actrices protagonistas, Noémie Marlant -que da vida a Nora- aunque como en todas las épocas siempre hay aspectos “positivos y negativos”, si algo caracteriza los tiempos que vivimos es la “soledad” y también la velocidad de los acontecimientos. “Todo va muy deprisa en este momento, haces el amor antes de hablar”, ha señalado a Vozpópuli durante su visita a Madrid para presentar el filme.

Todo va muy deprisa en este momento, haces el amor antes de hablar”, afirma Noémie Marlant

En la generación más precaria, a la que muchos se refieren como generación “Airbnb”, en referencia a quienes quieren vivir con comodidades a las que no pueden acceder normalmente, conviven los “desencantados y resignados” con quienes quieren “reventarlo todo”. Marlant es optimista y cree que está en las manos de los jóvenes “redefinir las cosas” y no ve otra opción que “combatir” con lo que su generación lleva “encima”, que es “muy pesado”. “El problema medioambiental, el patriarcado o la inclusión” son solo algunos ejemplos para esta actriz francesa.

A pesar del contexto en el que Audiard desarrolla esta historia, lo cierto es que París, distrito 13 habla, al fin y al cabo, de una historia de amor. “Nora es una mujer llena de vida, de ganas, es combativa, pero también se da cuenta de que no sabe lo que realmente le apetece, quién es o cuáles son sus deseos. El diálogo amoroso se reinventa. Estas mujeres están en una búsqueda del amor a sí mismas también y de sus deseos. Son más activas, no son pasivas y no están objetivadas”, señala la actriz.

Mileniales y violencia

Las redes sociales son en esta película una vía de comunicación y una vía de escape para evitar la soledad, un síntoma de un momento en el que, para la intérprete francesa, no se aprende a “estar solos” sin estar conectado con los demás. A su juicio, hay que “aburrirse con uno mismo” para poder “digerir” lo que se lee, y evitar así una “bulimia de información”.

Sin duda, esta es la película más cercana al universo femenino de Jacques Audiard, y no puede ser coincidencia que llegue en un momento como el actual, en el que los cambios sociales salpican de manera irremediable la creación. “Es un círculo. La sociedad cambia el arte y el arte cambia la sociedad, son las dos cosas”, afirma la actriz, quien considera al cineasta un “genio”. “Siente una enorme curiosidad por el otro, si quiere hablar de las mujeres deja espacio a las mujeres y a las guionistas. Es muy inteligente como artista, porque permite que la creación sea más representativa del mundo para que exista más sorpresa e inclusión. A menudo él duda y es algo genial, porque le permite siempre reinventarse y dialogar y crear con el otro”, cuenta.

Tras trabajar con Audiard, la actriz se embarcó en un proyecto español: Un año, una noche, la nueva película de Isaki Lacuesta, basada en el libro Paz, amor y Death metal, de Ramón González, superviviente del atentado terrorista en la sala de conciertos Bataclan de París. “Es un poeta. Tiene todo el talento del mundo, habla con todos y muestra curiosidad, tiene sed de compartir”, afirma la actriz, quien alaba el trabajo el equipo del cineasta, que siempre trabaja el equipo con Isabel Campo, motivo por el que eligió su nombre artístico, cansado de verla excluida en las entrevistas. La película, tras competir en la pasada edición de la Berlinale, se estrenará en las salas en octubre.

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